Tobías Nóbrega debe ser un capítulo aparte en los volúmenes que, presumiblemente, se editarán en el futuro con la intención de analizar, revisar y estudiar lo que ha ocurrido en Venezuela durante estos últimos años. Afortunadamente, en esta sección contamos con suficientes indicadores concretos como evitar, en lo posible, recurrir a las hipótesis y conjeturas, tan propias de la historia como disciplina, y tan desprestigiadas en nuestros días.

En estos últimos 24 meses la deuda interna venezolana aumentó de 10.5 a 20.6 billones de bolívares, un incremento de 95.8% en términos nominales, 17.6% corregido por inflación. La deuda externa también aumentó 10.7%, equivalentes a 2.411 millones de dólares, tomando en cuenta esa fracción de la deuda que, estando denominada en dólares, ha podido ser adquirida en bolívares por los agentes nacionales.

Vale decir, el exceso de demanda por los títulos que bajo esta modalidad ha puesto en circulación el Ministerio de Finanzas, no puede evaluarse como una demostración de confianza, porque estamos en una economía cerrada en donde el abanico de opciones de inversión es muy restringido. Esas restricciones pasan por dos grandes líneas: 1) El control de cambio obliga a los bolívares ociosos de la economía a permanecer en Venezuela, restringiendo las oportunidades de inversión para quienes obtienen ingresos en moneda local y no desean correr el riesgo del país, y 2) La tasa de interés que es posible obtener por ahorros ha promediado 5.85% (ahorros) y 14.92% (depósitos a 90 días) desde que comenzó el control de cambio, en un país en donde la inflación anualizada se encuentra entre 27% (IPC) y 43% (IPM). Esto está causando pérdidas forzadas a los tenedores de dinero, que están dispuestos a acudir a cualquier otro instrumento que les ofrezca mayor protección.

Estas nuevas operaciones de endeudamiento han sobrepasado con creces a las amortizaciones, generando un aumento de la deuda pública total como porcentaje del tamaño de nuestra economía de 29% a 43% en sólo 24 meses. En otras palabras, parte de la deuda se contrató para financiar gasto corriente primario y pago de intereses. Este es un hecho que deberá ser corregido en generaciones futuras, a través de la figura de mayores impuestos o menor gasto público. Irónicamente, esta aceleración en el endeudamiento venezolano se ha producido en un escenario muy favorable de precios petroleros (a punto de romper el record nominal de 40 dólares por barril), que ha podido ser utilizado para amortizar deuda en términos netos y sanear las finanzas públicas.

Merecería un comentario aparte la mejora o el deterioro del perfil de la deuda venezolana, pero los cronogramas trimestrales de amortización, que antes de Abril 2001 se encontraban disponibles en la página web del Ministerio de Finanzas, han sido eliminados y sustituidos por unas tablas de amortización de períodos irregulares y sin ningún grado de detalle.

Otras estadísticas disponibles no son más alentadoras: En los últimos 24 meses la devaluación oficial ha totalizado 129% (Tobías Nóbrega inició su período a 838.75 Bs./US$), 258% en el mercado paralelo. El producto interno bruto al cierre del 2003 fue 17.3% menor al que teníamos en el 2001, y la inflación (IPC) en los últimos 24 meses ha totalizado 65% (28% anual), mientras el BCV reporta que el índice de remuneración de salarios ha crecido 19.73% en ese mismo período. Donde abundan las estadísticas, sobran las hipótesis y las conjeturas.

Miguel Angel Santos