La devaluación de comienzos de año viene a confirmar el ciclo de apreciación-depreciación que ha sufrido el bolívar durante los últimos treinta años. La adopción del tipo de cambio múltiple, dos tasas oficiales más paralelo, era el único elemento de todas las desviaciones de política económica implementadas a partir del gobierno de Herrera Campíns que no había sido utilizada aún por el gobierno de Chávez.

Las grandes devaluaciones en Venezuela siempre han sido contractivas (caídas en la producción y aceleración de la inflación) por dos razones. Por un lado, el país no cuenta con una inversión en planta y equipo que le permita exportar a los precios relativos más favorables que trae consigo la devaluación. Las pocas instalaciones capaces exportar que teníamos en 1998 han sido devastadas. En particular, entre 2005-2010 la inflación acumulada totalizó 166%, mientras el gobierno obligaba a los exportadores a vender sus ingresos en dólares en el BCV a tasa fija. Muchas empresas se marcharon del país y se instalaron en la vecindad (Colombia), para desde allí exportar a Venezuela. Fue un proceso de ruina que tuvo una enorme ventaja política de corto plazo: Se produjo un boom de consumo a punta de importaciones baratas, que no requirió un boom de producción. La economía venezolana se reacomodó y se movilizó hacia el sector no-transable, que es el que ha recogido los frutos de la bonanza petrolera durante ese período: Telecomunicaciones, transporte, comercio, servicios de banca y seguros.

Y allí viene la segunda razón. Tras el largo período de apreciación, no existe ya la posibilidad de sustituir importaciones. Ahora debemos seguir importando a una tasa mucho mayor. Así, aunque importas menos bienes, el gasto en moneda local termina siendo mayor.

La devaluación no necesariamente trae consigo un movimiento en el mercado paralelo. Todo depende de cuántas divisas sea el gobierno capaz de liquidar a través de CADIVI. En mi opinión, es mejor trabajar con el supuesto de que no se aumentarán las liquidaciones sino que el número de dólares asignados en 2009 será ahora distribuido en dos grupos.

A partir de la devaluación: ¿Cuál será la política cambiaria? ¿Se va a volver a fijar la tasa de cambio de forma indefinida? ¿Se va a adoptar un esquema de bandas? ¿Se va a revisar de forma periódica? No hay respuesta. No existe la política, sólo existe el “como vaya viniendo iremos viendo”.

Un aspecto clave de nuestra política económica que vamos a tener que resolver en el futuro es cuál es la necesidad de mantener el bolívar apreciado cinco años para desembocar en estas macro-devaluaciones. Aquí la recomendación evidente es utilizar la política fiscal y monetaria para combatir la inflación, y permitir que la moneda se devalúe gradualmente en la medida en que nuestra inflación supere a la de nuestros socios comerciales. Todo eso dentro de un marco de estímulo a la inversión privada que nos lleve a reducir esos costos que nos hacen uno de los siete países del mundo en donde resulta más caro producir. De aquí se deduce que no estoy de acuerdo con el uso de la tasa de cambio para combatir la inflación, con el tipo de cambio fijo, menos aún con la dolarización. Pero eso ya es tema para otro día.

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Miguel Ángel Santos