¿Cuáles pueden ser las consecuencias para los venezolanos de la guerra en Irak?

Existen dos escenarios básicos, dependiendo de qué tan rápido se resuelva el conflicto. En un escenario, cuando Saddam Hussein se vea acorralado decide apuntar su artillería hacia los campos petroleros de Arabia Saudita y Kuwait. La guerra se complica, como ya sucediera otras veces, y los precios del petróleo se disparan por encima de 60 dólares. En este escenario Chávez - no Venezuela - recibe un aliento que probablemente le ayude a respirar unos meses más, y seguramente le sirva para financiar su campaña electoral. Nuestra economía seguiría tambaleándose, el tiempo que el Presidente se demore en despilfarrar los ingresos petroleros, como ya lo hiciera entre el 2000 y 2002.

En el otro escenario, Estados Unidos y sus aliados realizan una ofensiva relámpago, capturan a Saddam, recuperan algunos yacimientos petroleros, y la prima de guerra que tenían los precios cae, desvaneciéndose el barril por debajo de 20 dólares. Esta caída en los precios termina por acelerar la destrucción de la economía venezolana y muy probablemente se lleve consigo a Chávez y a su comitiva.

Las informaciones que han llegado, si bien son confusas, parecen indicar que en estas primeras de cambio el primer escenario está tomando mayores probabilidades de ocurrencia que el segundo. Irak ha empezado a lanzar ataques en contra de tropas aliadas estacionadas en Kuwait, lo que fortalece la noción de que una política de tierras arrasadas - muy a-la-Saddam - no es descartable. Por otro lado, las primeras declaraciones de Bush apuntan hacia una guerra que podría ser más prolongada y costosa de lo que muchos esperaban.

Mientras tanto, en Venezuela, continúa la cuenta regresiva en los relojes de las bombas que el propio gobierno ha puesto a punta de incompetencia. Una de esas bombas está puesta en la balanza de pagos: 60 días sin vender un solo dólar y con pagos muy pequeños de deuda (340 millones de dólares, básicamente intereses), y a pesar de todo nuestra reservas no sólo no han crecido, sino que además se han retirado 1.200 millones de dólares del FIEM. En cuanto comience la venta de dólares (que de demorarse más podría generar una escasez sin precedentes) y los pagos fuertes de deuda (los dos más fuertes en Marzo y Junio por 660 y 850 millones de dólares respectivamente), nuestras reservas van a empezar a caer con rapidez.

Otra de esas bombas está en las cuentas fiscales: Aún bajo el supuesto de producción de 2.2 millones de barriles diarios y refinanciamiento de 100% de la deuda interna, al gobierno le siguen haciendo falta entre 5% y 6% del PIB para cerrar la brecha presupuestaria. Estas necesidades de financiamiento van a exigir un inmenso recorte del gasto, o emisión de dinero vía utilidades cambiarias, o algún otro mecanismo (i.e. auxilios financieros). La primera alternativa podría profundizar la recesión y el desempleo, la segunda resultaría en una gigantesca inflación. Otras bombas están puestas en el sector real de la economía, en donde viven y sufren los venezolanos, y en el sector bancario.

Todos los días Chávez y sus acólitos se levantan temprano y encienden el televisor. Aún amanece para ellos, no termina de amanecer para el país. Necesitan un segundo aire, unos meses más, ganar tiempo. Pero saben que, en cualquier caso, las bombas que Saddam envía y recibe no alcanzan para desactivar las bombas de Chávez, sólo para darle unas pocas vueltas hacia atrás a esos relojes que marcan la cuenta regresiva.

Miguel Angel Santos