La exposición de motivos realizada por Tobías Nóbrega la semana pasada sobre la conveniencia de adquirir con bolívares la emisión de bonos del gobierno en dólares, pasará a la historia como uno de los episodios más tristes y lamentables que se hayan dado alguna vez en la historia de este despacho (que no es poco decir, vista la experiencia de los últimos 25 años).

Tobías, en su desesperación por conseguirle el “millardito” al Presidente y seguir corriendo la arruga del pago de la deuda, instó a los venezolanos a comprar el instrumento, alegando que es más conveniente colocarse en dólares que en bolívares, porque la tasa de cambio “se va a ajustar, y la ventaja que hoy tiene el ahorrar en moneda nacional se vería mermada”. Más allá de los errores que en el Ministerio de Finanzas (antes Ministerio de Hacienda) se hayan cometido en el pasado, de omisión o de mala fe, ver al titular del despacho convocar a ahorrar en moneda extranjera no tiene precedentes.

Es el reconocimiento explícito de que ocurrirá una devaluación en el corto o mediano plazo que hará más pobres a aquellos que no ahorren en dólares, que presumiblemente en Venezuela serán aquellos sin ninguna capacidad de ahorro, en dólares o en bolívares. En otras palabras, el titular de Finanzas acaba de hacer explícito de manera clara la política económica venezolana de los últimos 25 años: Devaluar para financiar el déficit fiscal (en el caso de este gobierno se agrega también la motivación de licuar el endeudamiento interno en bolívares), haciendo más ricos a aquellos con excedentes de ingresos suficientes como para ahorrar en dólares, y más pobres a aquellos que no tienen capacidad de ahorrar, o que teniéndola, ahorran en bolívares.

Este procedimiento ha sido norma de la política venezolana durante los últimos 25 años, y es uno de los factores que más contribuyen a explicar el deterioro en la distribución del ingreso con el que tanto nos han aturdido en estos cinco años. Pero antes, uno suponía que eso ocurría a pesar de los esfuerzos del titular de Finanzas, que se presumía navegando contra corriente en su esfuerzo inútil por invitar a la gente a ahorrar en moneda local.

Y es que el argumento de Tobías es tan absurdo que se muerde la cola: El gobierno emite deuda en dólares pero recibe bolívares. Para hacer atractiva la venta pone al titular de Finanzas a promocionar la emisión, en rol digno de los anuncios madrugadores de Prokompra 2003 (Llame ya!), exponiendo las ventajas de invertir en dólares en lugar de bolívares. Pero una vez que el gobierno realiza la emisión y lanza los bolívares a la calle vía gasto público, ese dinero vuelve a las manos del público, y vuelve a ser cierto aquello de que “la ventaja de ahorrar en moneda nacional se vería mermada”, por lo que sería mejor invertir en dólares, y así sucesivamente. Juega el Ministro a que ese proceso ocurra unas cuantas veces, y en cada vuelta el dinero caerá en manos de personas con menor capacidad de ahorro. Cerrado el ciclo, el gobierno en efecto devaluará para financiar el déficit y licuar la deuda interna, y hará aún más pobres a los receptores finales de los bolívares.

Lo único que separa la actuación del titular del despacho de Finanzas de los comerciales de Prokompra 2003, es que cuando los efectos empobrecedores de esta política económica nos coloquen en una situación parecida a la de un Zimbabwe con petróleo, seguramente los venezolanos no tendremos ninguna línea gratis a donde llamar para que nos devuelvan la pérdida del valor adquisitivo de nuestro dinero.

Miguel Angel Santos