A Usted. A mí. Al gobierno. A la oposición. A los recipientes de las misiones. A quienes financian las misiones. Son dos tomos que superan con facilidad las quinientas páginas. Ojeándolos uno tiene la impresión, acaso la certeza, de que han sido elaborados, tal y como la cuña del CNE sobre las elecciones de ayer que hemos visto repetida hasta el cansancio, con la intención expresa de desalentar.

¿Cuáles son los aspectos del Presupuesto Nacional que merecen mayor atención? Los ingresos están conformados a partes iguales por los sectores petrolero y no petrolero, un total de 51.6 billones de bolívares (agréguense doce ceros). Aunque esta composición viene siendo familiar en los años recientes, cada vez el ingreso petrolero está conformado por menos producción y mayores precios, lo que nos hace mucho más vulnerables que otras veces. Todo esto si uno se guía por el sentido común, considerando una producción de 2.6 millones de barriles diarios, a un precio promedio del petróleo venezolano de 34 dólares. El Ministerio de Finanzas, al igual que el año pasado, se ha inclinado por la ficción de generar ese mismo resultado pero multiplicando 3.4 millones de barriles por un precio promedio de 23 dólares.

Cuando uno deduce de estos ingresos el total de gastos, 63.1 billones, obtiene un déficit fiscal de 11.5 billones, aproximadamente 5.1% del tamaño de la economía (PIB). Al déficit fiscal se le agregan las amortizaciones de capital de la deuda pública (no consideradas formalmente como gasto) y otros pagos de compromisos vencidos, que según el presupuesto alcanzan un total de 6.2 billones. De esa cuenta resultan las necesidades de financiamiento del gobierno para el 2005, 17.7 billones de bolívares, 8% del PIB.

Todo esto si se toma el servicio de deuda (principal e intereses) tal y como está en el presupuesto. Sin embargo, conviene recordar que el año pasado este mismo documento subestimó este concepto en aproximadamente 5% del PIB, lo que colocaría las necesidades de financiamiento alrededor de 13% del PIB, unos 13 mil millones de dólares a la tasa de cambio esperada (que no está explícita en el documento). Sobre este último punto se podría tener un poco más de certeza si los cronogramas trimestrales de amortización de la deuda pública venezolana no hubiesen sido eliminados de la página web del Ministerio de Finanzas hace 18 meses.

Lo cierto es que según el documento presentado esas necesidades serían cubiertas con una mezcla de utilidades cambiarias del BCV (2.9 billones) y más endeudamiento (14.6 billones). Obsérvese que el endeudamiento previsto es bastante mayor que las amortizaciones, es decir, no sólo se pide prestado para renovar la deuda vencida sino también para financiar gasto corriente, lo que resultará en un incremento en el endeudamiento neto por el orden de 4% del PIB.

Con esas necesidades de financiamiento y ante la urgencia de no permitir que suba la tasa de interés (el gobierno es el deudor más grande que existe en bolívares), se tendrá que poner a circular una cantidad de dinero que no luce consistente con una meta de inflación de 20%.

En resumen: Más vulnerabilidad fiscal, déficit estructural, más endeudamiento, cada vez menos crecimiento e inflación moderada. Y sobretodo, una concepción de capitalismo de Estado en donde es el gobierno el único que invierte, y no mucho (6.6% del PIB que a veces son gastos de Ministerios que invierten, en lugar de inversión), y en donde la capacidad productiva del sector privado y con ella las oportunidades de empleo formal continúan menguando. Toda una concepción sobre cómo se desmonta un país.

Miguel Angel Santos