Las alucinaciones del miedo son casi tan absurdas como las de la esperanza, aunque sin duda mucho más penosas. Así lo decía Marguerite Yourcenar, en una larga entrevista con Matthieu Galey en 1980. Me vino a la mente a raíz de lo difícil que nos está resultando construir de forma objetiva un escenario económico posible para los próximos 24 meses. Por un lado se escuchan las voces de quienes piensan que el gobierno tiene “ahorrado”, en diferentes fondos en bolívares y en dólares, un ejercicio presupuestario completo (53.000 millones de dólares). Aquí no va a pasar nada. Por el otro, se encuentran quienes insisten en la inminencia de una crisis fiscal, que obligará al gobierno a (macro) devaluar, a inducir una inflación que derrumbe el gasto público en términos reales y dé al traste con el consumo. Aquí no va a quedar nada.

El reto está en evitar las respuestas fáciles, las ideas sencillas de los fast-thinkers ( Ibsen Martínez dixit). Tengo para mí que es poco probable que los “ahorros” del gobierno totalicen 53.000 millones de dólares. Y menos probable aún, que en el evento de una caída en barrena los utilice íntegros en el esfuerzo por mantener a flote a Venezuela. Para diciembre, en FONDEN se contaban poco más de 9.000 millones de dólares. Si se suman los excedentes de tesorería de los últimos tres años (el financiamiento excede las necesidades en 16.000 millones de dólares, a tasa oficial), el total de “ahorros” (asumiendo que ahí no hay doble contabilidad) estaría en la vecindad de 25.000 millones de dólares. Pueden faltar en esa cuenta algunas cosas, pero es poco probable que alcance un año entero de gasto público.

Entre los más pesimistas privan otras ideas. Las exportaciones petroleras en 2006 (58.438 millones de dólares), al precio promedio de la cesta venezolana (56,4), equivalen a 2,8 millones de barriles diarios (MBD), que sumados al consumo interno (0,5–0,7 MBD) arrojan una producción para Venezuela (3,3–3,5 MBD) muy superior a lo que reportan todas las fuentes internacionales. Si se hace el cálculo al revés, y se parte de 2,8 MBD (en el mejor de los casos), las “verdaderas” exportaciones petroleras estarían entre 11.000 y 15.000 millones de dólares por debajo de lo reportado. ¿Cómo explicar la diferencia? Si las reservas son las que reporta el BCV, ¿existe la posibilidad de que se esté cuadrando el balance contabilizando, entre errores, omisiones, y activos en dólares del sector público, un saldo equivalente a lo que nunca entró?

Por otra parte, tampoco parece inminente una catástrofe fiscal. El déficit que resultaría si se mantiene el gasto, se recorta el IVA a 9% en dos tramos, si el precio del petróleo se mantiene alrededor de 45-50 dólares, se podría cubrir (sin devaluar), utilizando “ahorros” encubiertos del gobierno o mayor endeudamiento interno. Todo parece indicar que 2007 no será el punto de quiebre, no será recordado como el segundo Viernes Negro.

La respuesta está un poco más allá. Más allá de las alucinaciones del miedo y de las de la esperanza. El vacío de información creado por el gran encubrimiento PDVSA-FONDEN está siendo llenado por el sentimiento. Se asomaron dos presos tras las rejas, uno vio barro, otro estrellas.

Miguel Ángel Santos