Hablar sobre la rueda de prensa de Víctor Vargas y Juan Carlos Escotet a raíz de la intervención del Banco Federal es arriesgarse a quedar atrapado en ese lugar en donde se está ya demasiado al centro como para atraer chavecistas y demasiado a la izquierda como para no ser repudiado por la oposición. El Federal tiene problemas desde hace tiempo. Sus índices de capitalización estaban entre los más bajos del sistema financiero (por encima de la banca pública, eso sí). Francisco Faraco, una autoridad en banca en Venezuela, ha mantenido al Federal con la peor calificación desde hace más de quince años. Francisco también ha pronunciado una frase muy afortunada: “La intervención es correcta, pero el momento es político". ¿Por qué ahora? ¿Por qué coincide con la orden de detención a Zuloaga? ¿Cuál es la probabilidad de que ambos eventos hayan sido aleatorios y no parte de una cayapa (“conjunto de personas que arremeten contra alguien indefenso”) contra Globovisión?

Las reacciones no se hicieron esperar. En las redes sociales muchos han expresado su frustración: Se sienten vendidos por la banca privada (representada por Juan Carlos Escotet) y exigen mayor solidaridad. Héctor Manrique, director de teatro, ha puesto a circular por twitter la frase de Brecht: “No sé quién es más deshonesto, quién funda un banco o quien roba un banco”. En mi opinión, la estrategia de ignorar al caído y seguir adelante por el tiempo que a cada uno el gobierno le tenga pautado hasta aquí ha reportado pocos resultados. Todos han ido cayendo uno a uno, y los pocos que insisten en que “aquí estamos, a pesar de todo” no se dan cuenta de que no es por su astucia, sino porque aún no ha salido su número.

El problema está en cuál es la alternativa. El Banco Federal no está en una posición que sea fácil de defender desde el punto de vista técnico. Se ha podido decir algo acerca de la modalidad (puertas cerradas) o referirse al momento político. De haber sido así, Chávez hubiese enviado un frente “institucional” (un contrasentido) a aplanar a la banca privada. ¿Qué hubiésemos ganado con eso? ¿No hay allí miles de puestos de trabajo – además de depósitos - que vale la pena defender hasta el final?

Entonces surge alguien y dice: Y bueno, ¿no los van a aplastar de todas formas? En los lineamientos del Congreso del PSUV el 24 de Abril, ¿no está prevista ya la “eliminación de la plusvalía” y de los “mecanismos de financiarización (sic)” que amplifican el poder del capital? ¿No es ésta, acaso, apenas una etapa más del proceso de estatización de la banca? La rentabilidad del sistema ha caído de 34% a 14% en cuatro años, un par de regulaciones más y se aproximará a cero, y entonces, ante las quejas de los pocos bancos que queden en pié, se procederá a estatizarlos. ¿Y entonces? ¿Es mejor esperar y aguantar hasta ese día, a ver “si pasa algo” que cada vez es menos probable, o hacer un frente común ante el paso atropellado de la aplanadora comunista?

No lo sé. Aunque suelo ser muy opinionated (quien tiene opinión y posición obstinada sobre todo), en este caso no sé qué pensar. Está claro hacia dónde vamos, lo difícil es definir un curso de acción común para hacerle frente a la amenaza.

Disponible en:

Miguel Ángel Santos