La publicación, con más de un mes de retraso, de los estados financieros del Banco Central de Venezuela (BCV) de Marzo, ha generado una tremenda confusión en el país. Más aún cuando los curiosos, al ingresar en la página de internet del BCV ( www.bcv.org.ve), observan que el patrimonio contable es de 12,2 billones de bolívares (doce ceros después de la coma) ¿Y entonces?

Sucede que, dentro de la cuenta “Otros Activos en Moneda Nacional”, se encuentran (numeral f) los “Fondos transferidos al Fonden”, un total de 12,5 billones de bolívares. Esta cifra, vale la pena insistir, se encuentra ubicada entre los “activos” del BCV. ¿Por qué? ¿Acaso genera algún tipo de retorno al BCV, como lo hacen, por ejemplo, las reservas internacionales? No. ¿Es una medida de almacenaje de valor, que en situación de emergencia podría ser convertida en valor, como es el caso de las reservas en oro? No. ¿Se encuentra entre los activos porque será devuelta por el gobierno, es decir, es una cuenta por cobrar? No. ¿Y entonces, qué hace ahí? Esa es la forma contable que el BCV le ha dado a una pérdida por transferencia unilateral y sin contrapartida de aproximadamente 5.792 millones de dólares.

Sin ese activo, el balance contable del BCV resulta negativo en unos 0,2 billones de bolívares. La gente común, aunque no se comprenda bien, tiene muchísimo que ver con esto. Las pérdidas del BCV, la descapitalización del ente emisor, no es ajena a la pérdida de valor del dinero en manos del público; por el contrario, aquellas (las del BCV) han precedido a estas últimas (la de los ciudadanos) en todos los grandes episodios de descalabros financieros e hiperinflaciones. Si el BCV continúa transfiriendo dólares al Fonden, los papeles que tenemos en la mano cada vez tendrán un respaldo menor. Esto es difícil de entender, pero no por eso debe dejar de ser advertido. Muy oportuna la visita de Federico Mayor a Venezuela para recordarnos que el silencio de quienes pueden hablar es un crimen.

En Fonden no sólo se han acumulado los dineros trasladados del BCV, sino también algunos otros provenientes de forma directa de la factura petrolera. Uno podría estimar, haciendo cálculos que contrasten precios y cantidades contra entradas de dólares al BCV, más o menos cuánto se ha sumado al Fonden. No tenemos forma de saber cuánto de ese dinero queda todavía depositado allí. Probablemente a la fecha no quede nada, y ya haya sido inyectado al torrente sanguíneo de las economías de Bolivia, Nicaragua, Cuba, o a los afectados por las tormentas en Louisiana. A fin de cuentas, ya Chávez se aburrió de Venezuela. No hay manera de saber.

Por estos días, la menguante probabilidad de ocurrencia de un evento electoral ha puesto a los posibles candidatos a revisar las cuentas fiscales. Tratan de bosquejar qué se van a encontrar en esa madeja de cuentas, partidas paralelas, fondos discrecionales, y depósitos ocultos. En mi opinión, lo más razonable es asumir que en Fonden, si este gobierno es sucedido por otro, no se va a conseguir nada. La osadía de Qusay Hussein, saliendo del banco central poco antes de la caída de Bagdad con 2.500 millones de dólares en bolsas de efectivo, en este caso es completamente innecesaria.

Aunque nadie sepa a ciencia cierta cómo se mueven los fondos de Fonden, toda su creación y administración está impregnada de un olor a cuentas electrónicas, a transferencias mediante instrucciones telefónicas que sólo pueden llevar a cabo personas autorizadas. Aquél dinero de Qusay seguramente ha servido para financiar buena parte de esa insurgencia que no va a dejar a Irak convertirse algún día en territorio civilizado, con o sin los Estados Unidos. No hay nada que haga pensar que en nuestro caso eso podría ser diferente.

Miguel A. Santos