Muy difícil encontrar alguien que por estos días no haya estado expuesto a los cuatro duelos Barcelona-Real Madrid que se jugarán en apenas dieciocho días. ¿Por qué tanto escándalo? ¿Qué tienen de especial estos cuatro partidos? Uno podría pensar que se trata de una banalidad, una consecuencia de no tener cosas más graves de qué ocuparse. Quizás. Pero también es verdad que existen un conjunto de factores alrededor de estos partidos que van mucho más allá de la mera circunstancia futbolística. Es un choque de opuestos en más de un sentido y por eso razón atrae con tanta fuerza.

La primera fuente de atracción viene de la clásica dicotomía entre el romanticismo y el pragmatismo. El romanticismo del Barcelona lo llevan en la sangre sus jugadores y se les ha diseñado una partitura, un sistema de juego, para que alcance su máxima expresión. Así, el equipo que salta al terreno está compuesto en su gran mayoría por jugadores criados dentro de las categorías inferiores del club, fieles a unos principios y a una forma de entender el futbol. No sólo importa ganar sino también cómo se juega. Frente a ese romanticismo el Madrid opone su pragmatismo. La inagotable cartera del club pareciera alcanzar para poner en cada posición al mejor jugador del mundo (salvo que juegue en Barcelona). Esto suele truncar el desarrollo de los jóvenes de la propia cantera. El Madrid no tiene sistema de juego. Su mayor fortaleza es su capacidad para plantear cada partido de forma diferente. Este pragmatismo ha llegado al extremo luego de que el primero de los cuatro duelos se haya jugado con grama de 4 centímetros (por encima de los 1.8-2.2 habituales) para obstaculizar el fútbol de toque y circulación del Barcelona.

Se trata, además, del contraste entre dos estilos de dirigir. Guardiola representa a la figura prudente, el personaje que rara vez se arrepiente de haber dicho algo porque arriesga muy pocas palabras, hasta el límite del aburrimiento. Mourinho es el clásico bocón, comienza a jugar desde los micrófonos días antes del pitazo inicial, procura explotar el elemento psicológico. Hasta aquí le ha funcionado.

También se trata del estereotipo que contrapone la capital del Reino versus la provincia que lucha por su independencia. Tengo la impresión de que éste último elemento, siendo una realidad en Catalunya en una proporción de uno a cuatro ciudadanos, ha sido exagerado con la intención de inyectarle más veneno al juego.

Escribo a medio camino entre los cuatro duelos. Hasta aquí se puede decir que el pragmatismo ha conseguido prevalecer. El empate a uno en el Bernabeu, más allá de dejar sentenciada la Liga en favor del Barcelona, ha puesto fin a una racha de cinco derrotas seguidas del Real, en donde el Barcelona anotó 15 goles y apenas recibió 2. Es un punto de inflexión. Y el miércoles el Real Madrid se ha llevado la Copa del Rey en una final que pudo haber caído de ambos lados, lo que ya es todo un progreso. Quedan dos más, que serán muy parecidos a estos dos primeros. Y es que ya a estas alturas ni el Barcelona va a aprender a hacer las cosas de otra forma, ni el Madrid va a encontrar estilo o personalidad alguna a la que serle fiel.


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Miguel Angel Santos