Desde el comienzo este gobierno siempre nos ha puesto a escoger entre diferentes tipos de infiernos, entre males menores. Escoge la opción con la que pierdes menos. Ya te invadí, ya le puse el ojo a lo tuyo, ahora ¿quieres apelar al sistema judicial, o prefieres aceptar lo que te estamos ofreciendo? Tú me dices. No vas a poder revisar el REP, no tienes representación proporcional en la rectoría, y apenas termine el primer conteo los empleados imparciales del CNE se abrazarán de felicidad, allí, frente a todo el mundo. ¿Quieres ir a elecciones, o prefieres retirarte, como en el caso de la Asamblea? Y así sucesivamente.

Uno podría pensar, como ha resaltado Juan Carlos Monedero, que estos reacomodos son necesarios cuando se llega al punto de inequidad que alcanzó Venezuela, cuando la redistribución se impone, cuando se rompe el frágil equilibrio que nos mantenía en pie. Pero que ese o-corres-o-te-encaramas, ese saltas-o-te-quemas se les proponga a los trabajadores de CANTV a ultranza, ya indica otra cosa.

El 12 de febrero el estado venezolano llegó a un acuerdo con Verizon para adquirir su participación en CANTV por un valor de 2,55 dólares por acción. De ahí se acordó restar un dividendo de 0,43 dólares, que arrojaba un neto de 2,12 dólares por acción. Verizon recibirá 2,12 dólares por acción, ya sea en dólares, o en bolívares con acceso garantizado (inversionista extranjero) a la tasa de cambio oficial.

Para los trabajadores venezolanos, dueños del 7% de CANTV, la historia es muy distinta. A ellos se les pagará 4.560 bolívares por acción (2,12 a 2.150). Entre febrero y marzo, la acción de CANTV se cotizó a un valor que osciló entre 8.000 y 9.500 bolívares. La expectativa de la oferta pública lo trajo a la vecindad de 7.000, el anuncio formal lo tumbó 18% en un solo día. Convergerá gradualmente hacia 4.560.

La oferta equivale a un valor 39% menor al que recibirá Verizon, la diferencia que existe entre la tasa de cambio oficial y el mercado paralelo. Si los trabajadores no quieren vender, chévere, pueden quedarse con las acciones, ser socios de éste gobierno, y arriesgarse a que se derrumbe el precio aún más (o a que no haya mercado en donde vender). Si quieren vender, tienen que sufrir una pérdida de 39% (vis-a-vis Verizon), 50% menos de lo que se cotizaba hace unas semanas. Ese será el precio que habrán de pagar por no tener cuentas de corretaje en la banca internacional, ni asesores financieros que les aconsejaran vender antes o convertir sus acciones en American Depositary Receipts (ADR). Y al que no le guste, que se vaya. Esa es la moneda de curso legal de la revolución.

Hubiese sido muy fácil estructurar una operación que permitiera a los trabajadores vender sus acciones sin sufrir esta pérdida draconiana. Ese esquema pasaba por reconocer la existencia del dólar paralelo, ese mismo dólar sobre el que se apalanca el gobierno para estructurar operaciones muy atractivas de emisión de deuda tipo Bonos del Sur y PDVSA.

Nada que ver con el bienestar del pueblo, con lo social, con la mayor equidad. Esta vez, la autopista para consolidar la hegemonía de la revolución pasaba por los trabajadores de CANTV. Y por allí pasó la niveladora. Próximo.

Miguel Ángel Santos