Algún director del BCV anda por ahí, paseándose por lo que queda de sector privado, exponiendo lo que a su juicio son cuatro buenas razones para pensar que el paquete de enero no provocará desequilibrios en nuestra economía.

En primer lugar, la posición externa (posesión de activos en dólares) de Venezuela. Allí se incluyen, según el discurso, los activos del FONDEN. Como si el FONDEN fuese el FIEM, nunca hace referencia a la discrecionalidad, a la falta de rendición de cuentas, y contabiliza lo que ha entrado como lo que hay, como si de allí no hubiese salido un dólar. La solidez del nivel de reservas de una economía, más allá de las importaciones o de la deuda externa, es una función de la cantidad de circulante en moneda local. En este nuevo paquete de medidas el BCV se vuelve a hacer cómplice del traslado de 7.000 millones de dólares al FONDEN, sin ninguna reducción en la cantidad de monedas y billetes que se pusieron a circular cuando fueron inicialmente adquiridos por el banco central. Cuando se concrete, la relación de bolívares a reservas en dólares, que se ha deteriorado ya 78% en los últimos dieciocho meses; alcanzará la suma de 4.100, 120% más que en junio de 2005.

La segunda razón alude al funcionamiento eficiente del sistema de administración de divisas. Me imagino que se refiere aquí a lo saludable que resulta que nuestra economía se haya acostumbrado a vivir, a la manera de un respirador, con un mínimo de 100 millones de dólares diarios y con importaciones por encima de 30.000 millones de dólares anuales. Un razonamiento similar había sido expuesto en el mensaje de fin de año del Presidente del BCV: Las importaciones (19% del PIB) no deben preocupar, porque todavía están por debajo de los niveles que teníamos antes del Viernes Negro (23%).

En tercer lugar, se refiere al boom de crédito privado, asociándolo a un “proceso de inversión”. Habla de esos créditos como si fuesen hierros, planta y equipo, y no como lo que son, apartamentos, vehículos, tarjetas de crédito.

La cuarta razón para ser optimista se refiere a la entrada de pequeños inversionistas al mercado de capitales, gente que “antes ni siquiera sabía lo que era invertir en Venezuela”, y que ahora “tienen pequeños paquetes de acciones que han comprado en empresas como la Electricidad de Caracas y la CANTV”. Me imagino que se refiere a ese mismo mercado de capitales que sufrió una pérdida de valor de 33% en ocho días, o de las acciones de la Electricidad y CANTV, que cayeron 38% y 23% en ese período. No se le puede negar que este grupo de inversionistas, que se incorporó al mercado en “el año de la bolsa”, que apostó por colocar sus ahorrar en bolívares, ahora sí sabe lo que es invertir en Venezuela.

Cierra la exposición afirmando que estamos en el punto óptimo para la introducción de una reforma monetaria. Como suele suceder, lo que no dice es lo que más revela: La única forma de que con una expansión de moneda local de 60%, se le quite la silla en donde se apoyaban parte de esos bolívares (el equivalente de 7.000 millones de dólares) sin provocar una macro-devaluación, es introduciendo una reforma – a la cubana – que limite la convertibilidad de una fracción del circulante.


Miguel Ángel Santos