La campaña electoral, la desinformación generalizada que existe en materia económica, y la aprensión que la mayoría de los términos de esta disciplina suelen generar en el público en general, abren un inmenso espacio en el discurso público para colar medias verdades, frases hechas, y algunas otras cosas que tienen la dudosa virtud de sonar coherentes. Así, los venezolanos viven bombardeados por mensajes contradictorios, algunos repetidos hasta la saciedad, que tienen la intención de crear opiniones comunes sobre un conjunto de hechos que la mayoría de las veces no son ciertos. Vamos a tratar de desmontar aquí apenas algunos de estos argumentos, en particular aquellos en donde es fundamental que la opinión pública tenga un criterio bien formado, aquellos que resultan esenciales para tratar de empezar a mover el país en la dirección adecuada.

¿Es cierto que la economía iba de maravilla hasta que ocurrió la crisis de Abril y la huelga general?

Un argumento que se suele repetir es el de aquí en Venezuela hubo crecimiento en la producción, baja inflación, empleo, y estabilidad cambiaria hasta que ocurrieron la crisis de Abril y la huelga general. Este quizás sea el más fácil de desmontar, puesto que basta solo con recordar que el 12 de Febrero del 2002, dos meses antes de la crisis de Abril, el Presidente anunció una devaluación de 50% en un día (de 750 a 1.000 bolívares por dólar) y un recorte importante en el gasto, en respuesta a que los precios del petróleo habían “colapsado” a un promedio de 16 dólares por barril. Esa era la vulnerabilidad de la economía venezolana entrando al 2002: Una caída del precio barril a 16 dólares provocó una devaluación de 50% en un día. Para comienzos del 2002, la tasa de crecimiento de la producción venía cayendo cuatro trimestres consecutivos, y esas medidas provocaron que cayera la producción 3.8% entre Enero y Marzo, antes de la crisis de Abril. Más aún, durante esos primeros tres años de gobierno, la tasa de desempleo que se heredó de la administración Caldera - 11.0% - había subido a 12.8% para el último trimestre del año 2001. No solamente se había deteriorado el empleo, sino que la fracción de la fuerza laboral dedicada a actividades informales no había variado, siendo 49.6% al cierre de 1998, y 49.9% al cierre del año 2001, mucho antes de la crisis de Abril. Durante ese período, la falta de confianza que inspiraba el gobierno provocó una fuga de capitales de 8.000 millones de dólares en el año 2.000, y de 10.000 millones de dólares en el 2001. Irónicamente, que el gobierno generase fugas de divisas ayudó a mantener baja la inflación, en la medida en que la gente se desprendía de los bolívares para cambiarlos por dólares, en lugar de por bienes. Esa baja inflación en medio de tanta desconfianza, fue cortesía de los altos precios petroleros.

Quizás lo más difícil de explicar es que el crecimiento registrado en los años 2000 y 2001 (3.2% y 2.8%), en medio de una bonanza petrolera, haya sido completamente insuficiente. ¿Por qué? Porque entre 1999 y el 2001 se incorporaron al mercado laboral venezolano 1.197.000 personas en búsqueda de trabajo, y ese crecimiento creó un total de 440.950 puestos de trabajo formales, quedando la diferencia condenada a la informalidad o al desempleo, y eventualmente a la pobreza crítica. Es evidente que la falta de crecimiento provocada por la crisis de Abril y la huelga general vinieron a agravar la incapacidad que ya mostraba la economía para proveer puestos de trabajo formales suficientes a quienes se incorporaban a la fuerza laboral.

¿Y esto es nuevo?

Este último hecho, que la economía no crezca lo suficiente para proveer de puestos de trabajo formales a quienes se incorporan a la fuerza laboral, está ocurriendo en Venezuela desde el año 1975. La última vez que la economía se las arregló para crear puestos de trabajo formales suficientes como para absorber el crecimiento de la fuerza laboral fue durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1973-1978). Desde entonces, durante 25 años, la economía ha expulsado a más de cinco millones y medio de venezolanos en edad y disposición de trabajar a la informalidad y desempleo. Es por esta razón que los venezolanos debemos evitar caer en el dilema de “o es esto, o es lo que teníamos antes de esto”, porque en materia de desempeño económico ha habido muy poca diferencia.

¿Y el petróleo no alcanza?

Lamentablemente para los venezolanos es evidente que no hay manera de crear fuentes de trabajo formales partiendo únicamente del ingreso petrolero, sin crear un ambiente más favorable al crecimiento del sector privado. Para muestra estos últimos cinco años. Sin confianza de parte del sector privado la economía se enfrenta al viejo dilema (también de 25 años de data) de Infierno I o Infierno II. En Infierno I con altos precios petroleros, gastas muchísimo dinero, cae en la economía, pero como no hay confianza ni inversión privada, ese dinero vuelve a salir de la economía vía fuga de capitales. Conclusión: Bajo crecimiento, baja inflación, alta fuga de capitales, no se crean empleos (años 1999-2001). En Infierno II no permites fugas de capitales, pones un control de cambio, lanzas el dinero a la calle, y como no hay confianza ni inversión privada se produce una fuerte aceleración de la inflación. Conclusión: Bajo crecimiento, alta inflación, baja fuga de capitales, no se crean empleos (2002-2003). Infierno III es cuando caen los precios y no estabas preparado para ello.

Miguel Ángel Santos