Cuatro años de Chávez. Cuatro años desde aquél diciembre nefasto. Cuatro años con los precios del petróleo venezolano promediando más de veinte dólares por barril. Cuatro años en donde ingresaron al país por concepto de exportaciones petroleras más de 83 mil millones de dólares. Cuatro años con una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional que le dio un amplio margen de maniobra al gobierno para poner a Venezuela en la senda del desarrollo.

¿Cuál es la herencia económica de estos cuatro años? El discurso agresivo y la expresión más pura de la incompetencia administrativa provocaron una fuga de capitales de 29 mil millones de dólares. Cada uno de esos cuatro años han salido del país dólares equivalentes a entre 8% y 10% del producto interno bruto. Esa cifra es igual al monto total de la deuda pública nacional (interna y externa). Las importaciones de éste período, auspiciadas por la incoherencia en la política cambiaria, suman 56 mil millones de dólares, que aunadas a la fuga de capitales se tragaron el ingreso petrolero.

El gobierno cierra estos cuatro años con una deuda interna cinco veces mayor en bolívares corrientes (tres veces mayor en bolívares constantes), y una deuda externa ligeramente inferior (porque no se ha podido renovar los vencimientos, nadie fuera de Venezuela está dispuesto a prestarle a Chávez). Esa deuda la heredan los venezolanos que sobreviven al gobierno, y sus hijos, y los hijos de sus hijos. El producto interno bruto del tercer trimestre en términos reales cierra en una cifra idéntica al de comienzos de 1999, lo que representa una caída en el ingreso per cápita venezolano de aproximadamente 8%. Si cuando Chávez llegó a la presidencia nuestro ingreso per cápita estaba al nivel que teníamos en 1965, ahora estamos al nivel de 1960.

Esta caída del producto interno bruto ha producido un aumento sin precedentes en el desempleo y en el subempleo. Al cierre de 1998 el desempleo abierto se encontraba en 11%, mientras que para el tercer trimestre del año se estima en 21%. Ese porcentaje, aplicado sobre una fuerza laboral promedio de 11 millones de habitantes, equivale a la destrucción de 1.17 millones de puestos de trabajo. Pero eso no es todo. Dentro de quienes cuentan con empleo, la informalidad ha aumentado en 5% en cuatro años, lo que representa unos 600 mil buhoneros más. Chávez deja un país con 26 millones de habitantes, en donde sólo 11 millones están en edad de trabajar, de los cuales sólo 3.5 millones tienen empleo formal, con sólo 2.3 millones en el sector privado.

Esta es la verdadera herencia de Chávez, esto es la que se va a encontrar quienquiera sea al que le toque en suerte sucederlo. A pesar de eso, si se produce la salida del Presidente y se detiene el proceso destructivo de la economía venezolana que ha tenido lugar a lo largo de estos cuatro años, hay razones para ser optimista. Si bien buena parte del parque industrial ha sido depreciado o destruido en estos cuatro años, también es cierto que la mayoría de las empresas tienen una capacidad ociosa gigantesca. Esa capacidad ociosa puede ser el motor del crecimiento de corto plazo, mientras se recupera la inversión. El nuevo gobierno no va a tener la necesidad de producir un ajuste cambiario fuerte, como el que se produjo en 1989, porque ya Chávez y su comitiva se han encargado de ello. Unas caras más frescas y cierta percepción mínima de eficiencia y estabilidad pueden ayudar al país a refinanciar su deuda de corto plazo, y abrir así espacios al aumento del gasto social. Venezuela sí tiene solución, sí tiene mañana. Es esa certeza la que nos debe ayudar a sobreponernos al presente, lo que nos debe amparar en esta hora menguada. Es ese nuevo país el único que justifica el sacrificio.


Miguel Angel Santos