“¿Cómo me van a decir que no van a devaluar? ¡El bolívar ya se devaluó! Uno sale a comprar cosas todos los días y cada vez alcanza para menos… Aquí en Venezuela el bolívar ya se devaluó”. Una de esas conversaciones que te devuelven la fe en la economía. Como dijo Samuelson, la gente no conoce a fondo los principios de la economía, pero se comporta como si los conociera. La aceleración de la inflación que viene ocurriendo desde mediados del año pasado ha devaluado el bolívar en términos de su poder de compra en el país. Cuando el gobierno se niega a reconocerlo, y decide mantener la tasa de cambio oficial, le mantiene el poder de compra a esos bolívares en el exterior, mientras cae aquí. Eso es lo que nos ha llevado a importar 32.000 millones de dólares, a necesitar 142 millones de dólares diarios para poder respirar. No se trata de si a ti te gusta devaluar y a mí no, de si uno es “devaluacionista” y otro no, nada aporta el reducir la discusión a esta gansada. Se trata de sentido común: En los últimos doce meses los precios de los bienes importados al mayor han subido 10%, menos de la mitad del 22% que han registrado los bienes nacionales. Es decir, el gobierno, a través del gasto público y de su política de propagación del terror, causa una inflación de costo a los productores, y luego los pone a competir con productos importados cada vez más baratos en términos relativos. Otra dinámica retorcida más. No hay forma de crear empleo con un conjunto de políticas así, no hay renta petrolera que sea suficiente para sostener el socialismo rentista.

Ahora bien, al igual que todos los gobiernos desde Luis Herrera hasta acá, este también devalúa por necesidad, no por convicción. No se trata de la producción nacional, de los desequilibrios de cuentas externas ocultos tras la bonanza petrolera, de darle más sostenibilidad a nuestra economía y promover la inversión. Nada que ver. La devaluación se reduce a una correspondencia entre ingresos y egresos. Se trata de que hacen falta más bolívares para cuadrar el presupuesto.

Ese pareciera ser el caso. El año pasado, en medio de la euforia electoral, el balance fiscal cerró (otra vez) en déficit (entre 2,5% y 3,0% del PIB). No fueron suficientes los 56,4 dólares por barril que promedió la cesta venezolana, ni tampoco los esfuerzos del SENIAT. El gasto fiscal les volvió a pasar por encima. Este año, todo parece indicar que los precios petroleros estarán por debajo de eso niveles. Y luego está la reducción de 14% a 9% en el IVA. Cada dólar que cae el petróleo venezolano se traduce en 0,3% del PIB menos en recaudación fiscal, cada punto menos del IVA al año representa aproximadamente 0,5% del PIB.

¿Es posible cuadrar el balance fiscal 2007 sin devaluar? Sí. El gobierno podría recurrir a un cóctel de más endeudamiento, desacumulación de “ahorros” en FONDEN y el Banco del Tesoro, y más utilidades cambiarias (¡sin devaluar!). Eso comprometería aún más el balance fiscal (y los obligaría a usar parte del FONDEN en Venezuela), pero se podría hacer. Ya se ha dicho que se va a hacer. Ya se han comprometido a no devaluar. A partir de aquí, o revientan las finanzas públicas, o hacen el ridículo y se vuelven a desdecir.

Miguel Ángel Santos