Hay muchísimas cosas en el Presupuesto Nacional que deberían interesar al ciudadano común. Están allí los impuestos que pagamos (nuestros gastos son ingresos del gobierno) y en qué son utilizados, cuánto va a ser el monto de la devaluación, cómo se reparten los gastos del gobierno (ingresos de los ciudadanos) entre los diferentes Ministerios y programas sociales, cuánto va a las gobernaciones y alcaldías, cuánto va al servicio de la deuda. Y he aquí que, sin embargo, ese documento es muy poco conocido, ya no digamos entre los ciudadanos comunes, sino también en el estamento político venezolano. Su discusión dentro de la Asamblea Nacional, en lugar de un verdadero debate nacional sobre si los destinos de los ingresos públicos coinciden con las necesidades más urgentes de la población, es apenas un protocolo.

El Presupuesto Nacional se ha convertido, como muchas otras cosas relacionadas con el proceso de la administración pública venezolana, en un mero formalismo. La ausencia total de institucionalidad y ciudadanía en relación con el documento ha devenido en una gran obra de teatro en donde la realidad subyacente, lo que José Ignacio Cabrujas llamó el “como a mí me de la gana”, se disfraza de documento oficial, se lleva a la Asamblea Nacional, y se procesa como si de verdad allí fuese a haber alguna discusión de fondo, como si en realidad eso tuviese algo que ver con lo que la discusión del Presupuesto Nacional debería ser. Los diputados, que forman parte del elenco, se limitan a levantar las manos y a disimular ese ejercicio de arbitrariedad dándole cierto tono de institucionalidad.

Y he aquí que, sin embargo, sigue habiendo en este ejercicio teatral de ciudadanía muchas cosas que apuntan hacia el verdadero estado de nuestra economía. Por ejemplo, está allí bastante claro que los ingresos totales (51.6 billones) están muy por debajo de los gastos totales (63.1 billones). Esto trae problemas muy similares a los que le traería a Ud. si el presupuesto de su familia el año que viene presenta una situación similar. Uno escucha esta cifra, observa los precios del petróleo, y se da cuenta inmediatamente de que o aquí el ingreso petrolero no es suficiente (no lo es), o el gasto público del gobierno es exagerado (quizás es más ineficiente que exagerado), o una combinación de ambas.

Reconocer este hecho fundamental – que el ingreso petrolero no es suficiente para mejorar de forma sostenida el nivel de vida de los venezolanos – es ya de por sí un shock para algunos. Y es que si hay algo que es cierto en el discurso del gobierno nacional y del Ministro de Finanzas, es que los ingresos petroleros puestos en términos reales (sin inflación) y por habitante, no son particularmente grandes cuando se les compara con otros períodos de relativa bonanza petrolera. Lo que le falta a este discurso es el predicado, es decir, si el ingreso petrolero no es muy alto, qué estamos haciendo nosotros para que el ingreso no petrolero sea mayor, para poder así darle viabilidad a nuestro presupuesto como nación.

De allí a reconocer que de aquí no salimos a menos que se cree un ambiente de política económica y de negocios propicio para la inversión privada nacional y extranjera hay apenas un solo paso. Por esta razón, las pésimas calificaciones de Venezuela en los rankings más recientes de competitividad internacional (Davos), transparencia (Transparencia Internacional), Riesgo de Hacer Negocios (The Economist), y Opacidad (o falta de transparencia, Kurtzman Group), son los verdaderos termómetros de nuestras posibilidades. Y es que esas cosas, la confianza, la transparencia, las reglas claras, la percepción de trato justo, a diferencia de otras, no se decretan.

¿Qué no es insostenible en el Presupuesto Nacional 2005?

Dentro del presupuesto nacional, los ingresos están compuestos a partes iguales por ingresos petroleros y por ingresos no petroleros. Ese ha sido el caso de los presupuestos nacionales de los últimos años. Esta vez, sin embargo, la combinación es mucho más inestable y peligrosa, porque hay un componente mucho menor de cantidades de barriles producidos, y un componente mucho mayor de precios petroleros. Esto hace el ingreso extraordinariamente inestable, porque los precios son mucho más volátiles que las cantidades producidas. Aunque el resultado sea el mismo, es muy diferente 3.4 millones de barriles diarios vendidos a 23 dólares por barril (como pretende el presupuesto, para mantener la farsa de la producción de PDVSA), que 2.6 millones de barriles diarios vendidos a 35 dólares por barril (como probablemente ocurra).

La diferencia entre los ingresos y los gastos, más los pagos de intereses y principal de vencimientos de deuda, se cubre con más deuda. Cuando uno se endeuda por un monto mayor a la deuda que paga lo que está ocurriendo básicamente es el equivalente a una familia que se endeuda para pagar el colegio de los niños y el mercado del mes. En el presupuestos nacional, la nueva deuda (14.6 billones de bolívares) supera con creces los pagos de deuda (5.9 billones de bolívares), con lo que Venezuela cerrará el 2005 con una deuda 8.7 billones de bolívares mayor a la que tenía al cierre del 2004.

El nivel de gasto público (con contabilizar intereses) no es muy alto cuando se compara con otros países de América Latina y se corrige por el tamaño de la economía. Sin embargo, se reconoce dentro de los programas sociales del gobierno una tendencia a promover subsistencia, en lugar de capacitar a la gente para que tenga la posibilidad de conseguir un trabajo, progresar, y ser responsable de su propio progreso. Los programas sociales de subsistencia no tienen efectos sobre la productividad de la gente, la hacen cada vez más dependiente del Estado y menos capaz de salir adelante por sí misma, lo que facilite el chantaje político de parte de quienes ostentan el poder.

¿Sabía Ud. qué?

Cuando este gobierno comenzó la deuda pública representaba aproximadamente 27% del tamaño de nuestra economía, y según el presupuesto, al cierre del 2005 vamos a estar en 45%

El déficit del gobierno (ingresos – gastos) con todo y los precios petroleros altos es de 4.800 millones de dólares

El año pasado, los pagos de deuda en el presupuestos se subestimaron en unos 3.100 millones de dólares

Si eso ocurre esta vez, el gobierno va a tener necesidades de financiamiento por 11.000 millones de dólares: 4.800 millones de déficit + 2.900 pagos de principal de deuda (no incluidos en el gasto) + 3.000 millones de dólares subestimados en el pago de amortizaciones

La devaluación prevista en el Presupuesto Nacional 2005 es de 12%, lo que dejaría la tasa de cambio en 2.150 bolívares por dólar

Con esa cifra, la devaluación desde que comenzó este gobierno ha sido de 281% (Hugo Chávez inició su período a 564 bolívares por dólar)


Miguel Ángel Santos