Gastón Parra Luzardo ha cifrado su primer mensaje anual como Presidente del BCV. Para sacar conclusiones sobre el estado de la economía venezolana a partir de él se requiere, a la manera del Código Da Vinci, leer entre líneas, contrastar fuentes, y utilizar una buena dosis de sentido común. Estos elementos alcanzan para descifrar buena parte de las claves. Las demás, a la manera de Juan Pablo Castel en El Túnel (Ernesto Sábato), se avienen con la percepción de que “aquél arrebato de felicidad repentina no aguantaría uno sólo de mis análisis lógicos”.

Quizás la más infame de todas las claves sea aquella según la cual el crecimiento económico registrado en el año 2005 “propició la generación de aproximadamente 640.000 empleos”. De acuerdo con el INE, el número de ocupados (informales e informales) estimado al cierre del 2005 era de 10.920.509 venezolanos, versus 10.882.601 en el 2004. Es decir, según el INE, entre Diciembre 2004 y Diciembre 2005 se crearon 37.908 empleos. ¿Dónde están los otros 600,000 a los que se refiere el mensaje del BCV?

Ahora, si es verdad que se crearon sólo 37.908 empleos: ¿Cómo puede caer el desempleo de 10,9% a 8,9% en 12 meses? Esa caída en el desempleo, según el INE, se debe a que el número (absoluto) de personas que efectivamente desean trabajar cayó en 228.558, a pesar de que las personas en edad y disposición de trabajar crecieron en el año 518.627. Sin esa caída en la tasa de actividad, a la que el mensaje del BCV se refiere de forma muy sucinta en una línea (calificándola de fenómeno “estructural”), la tasa de desempleo al cierre del año hubiese sido 13,2%, 2,3% puntos porcentuales superior a la de hace un año.

Hay un breve comentario sobre el crecimiento de la inversión, pero se cuida el mensaje de colocarlo en referencia a sí mismo y no como porcentaje del PIB o en bolívares constantes. Esto se debe a que muy probablemente la cifra, a pesar del salto cuántico que ha experimentado a raíz del cambio de metodología adoptado por el BCV (2004), es insuficiente para absorber el desenfreno del gasto público y propiciar el crecimiento de forma sostenida. Cuando se trata de otras magnitudes más favorables (el superávit en cuenta corriente) el mensaje sí las coloca como porcentaje del PIB (17,7%).

No se ahonda mucho sobre el hecho de que la política monetaria del BCV alcahueteó a la política fiscal, poniendo al ente emisor a recoger dinero con títulos de corto plazo, que al cierre de Noviembre representaban 110% del total de la base monetaria.

Ya hacia el final, en un recuadro titulado “Las tasas de interés y el bienestar social”, se hace una referencia a la labor decisiva del BCV en defensa de los ahorristas. Según el mensaje, en el año 2005 las tasas de interés para instrumentos de ahorro se ubicaron en un promedio de 7.2%, mientras en el año anterior “mostraban valores mínimos de alrededor de 1% y altas comisiones por su mantenimiento”. Tomando como base inflaciones de 19,2% en el 2004 y 14,4% en el 2005, esto quiere decir que un ahorrista promedio, gracias a la política de controles de tasas del BCV, vio esfumarse 15,3% del valor real de sus ahorros en el 2004, y “sólo” 6,3% en el 2005. En otras palabras, 80% de las personas que mantienen cuentas de ahorros por debajo de 500.000 bolívares deberían darse con una piedra en los dientes porque la política del BCV el año pasado les confiscó 15,3% del valor de sus ahorros y ahora sólo les confisca 6,3%.

Sin duda un beneficio social que amerita una marcha a la Avenida Urdaneta a entonar la Oda al BCV, himno que, también según el mensaje, ya ha sido encargado al poeta Luis Pastori y al maestro Aldemaro Romero (esto es en serio).

Miguel Ángel Santos