Continúan los esfuerzos del gobierno por disponer de parte de las reservas del Banco Central de Venezuela (BCV). A los argumentos más básicos de sentido común, se oponen los esfuerzos de Tobías Nóbrega por buscar con vano afán una justificación inteligente a lo injustificable. Este acto repite una conocida conversación entre Sócrates y Protágoras, en donde este último defendió la no existencia de la verdad, e hizo gala de su capacidad para “crear” cualquier verdad a través de la palabra, de la argumentación y el discurso inteligente. La respuesta de Sócrates: “Si eso es así, entonces los hombres podemos ‘crear’ la verdad, la realidad, y somos dioses”.

Así se debe sentir el titular de finanzas por estos días. A fin de cuentas, el Ministro ha descubierto un mecanismo mágico para financiar el gasto público en medio de un año electoral (y conste que 2005 y 2006, con suerte, también serán “electorales”) y pagar parte de nuestra deuda externa. Eso sí, nada de esfuerzos para reactivar la economía privada y con ello la recaudación fiscal no petrolera, y muchísimo menos por promover recortes del gasto público que abran espacios para la amortización de deuda. Mucho más sencillo: Que parte de los dólares que ya el BCV le compró al gobierno, sean entregados (sin costo) de nuevo al ejecutivo, para que éste a su vez se los vuelva a vender al BCV a cambio de bolívares, y de esa forma continúe teniendo el ente emisor reservas “excedentarias”. Y se arman foros y conferencias para discutir este galimatías financiero (muchísimo menos creativo que las operaciones de deuda en dólares para comprarlas en bolívares, que sospechosamente cierran 100 o 200 bolívares por debajo del mercado paralelo), en un esfuerzo inútil por convencernos de que eso es algo que vale la pena debatir.

¡Si tan sólo se tratara de disponer de verdaderos “excedentes”, de administrar la abundancia! Nada que ver. Venezuela ha funcionado durante los últimos 8 años con un nivel promedio de reservas de 16.500 millones de dólares. Actualmente, nuestra reservas se encuentran alrededor de 23.500 millones de dólares. ¿Por qué? En primer lugar, porque de los 9.500 millones de dólares que importó la economía no petrolera el año pasado, CADIVI decidió financiar sólo 3.000 millones. En otras palabras, durante la mayor parte del 2003 lo que operó fue una suspensión cambiaria, no un verdadero control, que permitió acumular los 6.500 millones de dólares que se le negaron al sector privado. Eso explica por qué con el tipo de cambio “fijo” sufrimos una inflación entre 24% (consumidor) y 48% (por mayor). En segundo lugar, existen más de 5.000 millones de dólares aprobados por CADIVI pero aún no liquidados por el BCV. Si se resta entre 5.000 y 6.500 millones de dólares a nuestro nivel de reservas actual, desaparecen los excedentes. Más aún, esas reservas son las que prevalecen en un escenario de precios petroleros superiores a treinta dólares por barril. En una circunstancia más razonable de precios nuestros niveles de reservas – aún considerando las asfixia cambiaria del año pasado – no tendrían nada de excedentario.

Es así como se destila la esencia de esta discusión absurda e inútil. Sería menos costoso apoderarse de los recursos sin tratar de montar esta falsa apariencia de discusión y consenso, casi tan etérea como las propias reservas excedentarias. Eso sí, nada más un “millardito” son 1.92 billones de bolívares nuevos en la calle, equivalentes a 17.8% de la base monetaria. Más dinero y menos bienes: Más inflación. Y pensar que toda esta presión por obtener recursos de forma inorgánica se está dando con los precios del barril de petróleo por encima de treinta dólares, imagínense ustedes lo que vendrá después.

Miguel Ángel Santos