Si alguna secuela ha dejado los hechos del 11-14 de Abril y las interpelaciones en la asamblea nacional ha sido la desconfianza, el cansancio ante las hipótesis repetidas hasta la saciedad sin que en ningún momento se llegue a una conclusión sobre algún hecho concreto, sobre alguna culpabilidad, sobre una frase que se dijo, y fue así, y es admitida y probada, y se procede a castigar en consecuencia. Esta angustia de no saber la verdad, esta atmósfera en donde cualquier versión sobre los hechos es plausible, donde la verdad ha dejado de ser un conjunto de hechos concretos cuantificables y verificables para pasar a ser una cosa etérea, inasible. Esa sensación incómoda de vivir en una atmósfera en donde todo el mundo desconfía de todo el mundo, en donde algunos dicen que otros mandaron a matar, y en donde quienes mataron dicen que los asesinados se mataron a sí mismos para poder culpar a quienes no mataron; en donde los videos y las conversaciones se reproducen y se graban, y se falsifican, y casi cualquier escenario se puede hacer posible a través de un conjunto de pruebas construidas sin demasiado cuidado.

En medio de esa sensación de confusión uno escucha que acaban de nombran a un par de ministros nuevos dentro del gabinete económico, y suspira pensando en que alguien se va a presentar con hechos concretos y va a decir: Los ingresos son estos, los gastos son estos, tenemos un déficit de esta magnitud, que se puede cubrir de tales y cuales maneras; tenemos que resolver una coyuntura ocasionada por la insuficiencia de los ingresos no petroleros (ocasionada entre otras cosas por el bajísimo nivel de actividad económica), pero además de la situación coyuntural tenemos un problema estructural que consiste en X y en Y, que se va a atacar a través de un programa de largo plazo, etcétera. En fin, alguien que venga a poner algunos números y un poco de coherencia, y nos ayude a aterrizar y a refugiarnos en hechos concretos ante tanta incertidumbre.

En medio de esa atmósfera uno escucha al nuevo Ministro de CORDIPLAN decir que Venezuela está mal, porque la mayoría de las personas creen que Venezuela está mal, y que si todos pensáramos que vamos bien, entonces iríamos mejor. Es decir, no hay hechos concretos que nos hacen crearnos expectativas, es una cuestión simplemente de que hemos decidido creer que vamos mal y por eso vamos mal. Estas desafortunadas declaraciones vienen de alguien que tiene el mérito de haber obtenido un doctorado en la escuela madre de la teoría de las expectativas racionales, según la cual los agentes económicos toman sus decisiones de inversión y consumo con base en toda la información disponible en el mercado, la procesan en la forma más adecuada posible, y toman decisiones que maximicen sus niveles de utilidad dadas las restricciones.

Y es que la información que hay en el mercado es que el gobierno tiene necesidades de financiamiento que, aún bajo el escenario de un recorte gigantesco en términos reales del gasto, llegan a ocho mil millones de dólares. La información que hay en el mercado es que no hay mecanismos de financiamiento a través de endeudamiento a nivel internacional, por la falta de confianza en Chávez, ni a nivel local, porque el gobierno triplicó en tres años la deuda interna y está pagando tasas superiores al 50%. La información que hay es que estos números están calculados con el precio del petróleo a 20 dólares, y que la única manera de nivelar ingresos y gastos (aún bajo el escenario del recorte brutal en el gasto) es a través de la devaluación. La información que hay es esa, y si los agentes económicos se comportan de manera racional, deben entonces tener expectativas racionales negativas apuntando hacia inestabilidad política y social (por el recorte del gasto), mayores impuestos (para equilibrar el presupuesto), presiones sobre la tasa de cambio y sobre el nivel de precios.

La alternativa a tener estas expectativas es tener expectativas irracionales. El Ministro, los ministros, tienen que atacar la base de información que fundamenta las expectativas, no las expectativas per sé. A menos que insistamos en seguir dándole a la economía en general, así como a la política y a los acontecimientos del 11ª, un carácter netamente anecdótico.

Miguel Angel Santos