Para el pasado Jueves 16 de Octubre estaba prevista la intervención de Tobías Nóbrega ante la Asamblea Nacional para presentar el Proyecto del Presupuesto Nacional 2004. Las principales premisas explícitas que tiene ese documento son que la tasa de cambio promedio oficial será de 1,920 (i.e. devaluación promedio de la tasa oficial 20%), la inflación (IPC) prevista será de 25%, y el Producto Interno Bruto crecerá 6.5%. Está allí explícito también que si bien el gasto total será de 50 billones de bolívares, los ingresos ordinarios, esos que se producen en forma recurrente y que cabe esperar que se repitan año a año, serán solo de 29 billones. En otras palabras, 40% del Presupuesto Nacional será financiado por ingresos extraordinarios. En el caso del gobierno que nos ocupa, este 40% resulta inquietante, porque los ingresos extraordinarios por excelencia de los presupuestos venezolanos anteriores, las utilidades cambiarias, y los dividendos de PDVSA, están reportados aquí como ordinarios. ¿Y entonces de dónde van a salir los reales? Habrá que esperar por la exposición de motivos de Nóbrega y seguir de cerca la discusión del proyecto que tendrá lugar en la Asamblea Nacional.

Pero más importante que los supuestos explícitos, son los supuestos y las premisas implícitas. Por ejemplo, si la tasa de cambio paralelo se encuentra hoy relativamente estable alrededor de 2,600 bolívares por dólar (que cada vez se parece más a la tasa de cambio de equilibrio), y el presupuesto contempla una tasa de cambio promedio de 1,920, entonces eso significa que se prevé el mantenimiento del control de cambio prácticamente durante todo el año 2004. De la misma forma, si el índice de precios al mayor para los últimos doce meses se ubica hoy en día en 45.4%, 18.8% por encima del IPC; y la inflación proyectada para el año que viene no prevé que ese índice alcance al índice de precios al consumidor, entonces eso significa que es muy probable que se mantengan los controles de precios durante una buena parte del año 2004. ¿Por qué? Porque si estuviese previsto que se levantaran, habría que incorporar a la inflación a nivel del consumidor algo de esa inflación que hoy en día está represada, y seguramente la cifra resultante sería mayor de ese 25% que está presupuestado.

Esos, por decir dos de los que resultan de los más evidentes, son los supuestos implícitos en el Presupuesto Nacional 2004. ¿Habrá un rebote? Bueno, para tener una idea clara, si crecemos 6.5% durante el año 2004, vamos a estar en un nivel de producto e ingreso nacional 14% por debajo del que teníamos en 1998 (que tampoco fue un año particularmente para la economía venezolana), con el agravante de que ahora somos 10% más de habitantes.

Hay una dinámica un poco más sutil que se podría presentar alrededor del Presupuesto Nacional 2004. Ese 40% de financiamiento que aparece como “ingresos extraordinarios” normalmente se traduce en una combinación de más deuda (según la capacidad de endeudamiento del Estado), más devaluación y más inflación de lo proyectado. En el caso que nos ocupa, lo que cabe esperar es que las devaluaciones y/o flexibilizaciones del control de precios no se produzcan hasta que no ocurran los eventos electorales previstos. Mientras tanto, las brechas entre la tasa de cambio paralela y la tasa de cambio oficial seguirán creciendo, y la inflación represada continuará aumentando. ¿Quiénes van a enfrentar el inmenso costo de asumir el ajuste de ambas variables? Solamente hay dos opciones: O un Chávez revitalizado, o una administración de transición con una base política relativamente débil.

Miguel Angel Santos