Los directores del Banco Central de Venezuela (BCV) le garantizaron a seis diputados de la Comisión de Finanzas que al cierre del 2006 el balance de la institución será positivo. Así de simple. No se habló de las causas del déficit y de la descapitalización, sólo de los resultados. Ah, y eso sí, se repitió la perogrullada de que los bancos centrales, al igual que los países, no quiebran, una cosa que después del Viernes Negro, el gobierno de Lusinchi, el ajuste de 1989, la crisis bancaria del 1994, la Agenda Venezuela, la devaluación del 2002 y la huelga general, la tenemos todos clarísima. A Maza Zavala sólo le faltó agregar “los que quiebran son los ciudadanos”.

La presión que ha caído sobre los balances del BCV viene de varios frentes. En primer lugar, está el efecto sobre el patrimonio de transferir 5.790 millones de dólares al Fonden, y otros 3.640 millones de dólares a la Tesorería Nacional por concepto de “reservas excedentarias”. Sacar del balance de la institución de golpe y porrazo 9.430 millones de dólares ha puesto su patrimonio en rojo por 3,07 billones de bolívares (1.430 millones de dólares).

Estas liquidaciones de activos sin contrapartida tienen otros efectos. Los ingresos operativos del BCV en esencia vienen dados por los rendimientos sobre inversión de reservas internacionales y por las utilidades cambiarias. Al sacar 9.430 millones de dólares, como ha apuntado José Guerra, se pierden, además de los dólares, los rendimientos que se obtenían por ellos. Las utilidades cambiarias también se han reducido, dado el firme propósito del gobierno de no devaluar en año electoral. Esta fuerte merma de ingresos contrasta con los enormes costos de la política de absorción, los intereses que debe pagar el BCV por los 36,2 billones de bolívares que ha sacado de la economía para reducir la liquidez y bajar la presión inflacionaria. Por esta razón, a la pérdida patrimonial se le ha sumado la pérdida en operaciones, que ya totaliza 305.091 millones de bolívares (Abril 2006).

Rodrigo Cabezas declaró que de las pérdidas del BCV se deriva una “ganancia social”, y que gracias a esta política la inflación podría ubicarse alrededor de 10% al cierre del año. “Son los economistas de derecha, que quieren que el BCV tenga equilibrio en sus cuentas contables y que la inflación sea mayor”. Ni una sola referencia al gasto público. Ninguna mención sobre un hecho contable simple: Si en lugar de llevarse los dólares sin contrapartida, el Ejecutivo los hubiese adquirido del BCV entregándole bolívares, ni hablar de excedentes de liquidez. En otras palabras, en lugar de cerrar el chorro, se acercaron al BCV a darle aliento a los que sacan agua a cubetazos.

Ya el BCV tiene encima 138% de la cantidad de monedas y billetes impresos en Venezuela. Si no se frena el gasto público, no hay manera de que esta inmensa bola de nieve deje de crecer. Peor aún, si el Ejecutivo le sigue vendiendo dólares al BCV, gastando los bolívares, y devolviéndose varios meses después a llevarse los dólares (sin entregarle al BCV los bolívares), el balance se convertirá en un pozo sin fondo.

En medio de toda esta indolencia institucional no se escucha una sola advertencia, una sola alerta. Maza Zavala sigue haciendo esfuerzos por remar en medio de aguas turbulentas hacia el mar de la jubilación. No habla de las transferencias sin contrapartida, de la ausencia de transparencia de Fonden, de los balances ausentes de PDVSA. Ni un solo batir de alas. Apenas un murmullo. Una única certeza, que los bancos centrales no quiebran. Callando, otorga. Ahora, de que a finales del año no habrá pérdidas en el balance, que no quepa la menor duda. El Excel, ese prodigio de Microsoft, aguanta de todo.


Miguel Ángel Santos