La economía venezolana se encuentra transitando un primer trimestre en donde la cantidad de bienes y servicios producidos (PIB) debería estar más de 20% por encima de lo que se produjo en ese mismo período el año anterior. Esa magnitud de recuperación económica sólo puede ser explicado por uno de los siguientes dos fenómenos: a) Estamos en presencia de un gigantesco cambio en las expectativas en relación con la economía, producto de un cambio profundo en los fundamentos de la política económica, o b) Nos estamos comparando contra un trimestre en donde ocurrió un fenómeno devastador.

Lamentablemente nosotros estamos en presencia de la segunda opción, no de la primera. Aún así, en cuanto se publiquen estas cifras hacia mediados de Mayo, el gobierno va a empezar a masajear la conciencia colectiva con el mensaje de rigor: Aquí todo iba muy bien hasta que ocurrió el 11 de Abril y el paro golpista. Según esta ficción, todo en Venezuela estaba sobre ruedas hasta que se le ocurrió a un conjunto de venezolanos – bastante numeroso por demás – que convenía salir del Presidente.

Basta con decir que durante el año 2000 el gobierno se lanzó un aumento del gasto público de 25% en términos reales (que se mantuvo en el 2001), y que esos dos años la economía registró un crecimiento escuálido entre 2% y 3% cada año. Basta con decir que el ambiente hostil a la actividad económica privada, el excesivo uso del endeudamiento interno, y el aumento del gasto público, hicieron al país más dependiente que nunca de la renta petrolera. Esto ocasionó que el 12 de Febrero del 2002, mucho antes del 11 de Abril, el gobierno reaccionara a una caída en los precios del petróleo a 16 dólares por barril, anunciando una devaluación de 50% en un solo día. Ese es el nivel de vulnerabilidad económica de esta administración, ¡Imagínense si a este gobierno se le vienen los precios a siete y ocho dólares por barril, como ya le ocurriera a las administraciones de Lusinchi y Caldera!

En estos últimos cinco años, la actividad económica no petrolera ha estado muy restringida por el exceso de discrecionalidad del gobierno, por la falta de estabilidad en las reglas del juego, por la incertidumbre política y económica, por la inseguridad jurídica. Sobre este conjunto de restricciones, se montaron el 11 de Abril, la huelga general, y posteriormente los controles de cambios y de precios. Este primer trimestre, no va a ocurrir ninguna huelga general. Durante estos tres meses, CADIVI decidió hacer del control eso, un control, y no una suspensión. La liberación de estas dos gigantescas restricciones va a producir una reacción de la actividad económica, pero de ninguna manera un cambio sostenido, porque el resto de los fundamentos no ha cambiado nada. Para muestra, un botón: Si Venezuela crece durante este año 7.5% (1% más de lo que prevé el presupuesto nacional), el ingreso promedio de los venezolanos va a cerrar el año 2004 21% por debajo del que teníamos al cierre de 1998 (que, por cierto, no era nada del otro mundo). Así que, a pesar de las cadenas y el discurso bobo, a lo que vamos a regresar es a lo que en Estados Unidos se llama business as usual. Pero eso sí, con eso normalidad venezolana aferrada más que nunca al valor del petróleo en los mercados internacionales.

Miguel Angel Santos