Hay muchas lecciones y señales acerca de lo que está por venir implícitas en la emisión de Petrobonos 2011 que hizo PDVSA esta semana. A través de la operación, el Estado ofrece papeles que le permiten al comprador reclamar 2.000 dólares de aquí a dos años. Los títulos se adquieren en bolívares, por lo que, puesto así, la operación aparecía como una simple compra de divisas entregados a futuro.

Así estaba diseñada en primera instancia. La letra chiquita que acompaña al bono, que nos hemos acostumbrado a leer con especial esmero a raíz de las trampas del pasado, indicaba que el instrumento no podría ser vendido en dólares antes de su vencimiento. Como suele suceder con este gobierno, uno nunca sabe si hubo una equivocación o se trataba de una política. Un par de días después, a través de un anexo algo confuso, se eliminó esa restricción. Se dice fácil, pero ejecutarlo toma algo más de dos días. Con la improvisación del caso, se incorporó esta posibilidad sin haber registrado los títulos en las bolsas en el exterior. Si no están registrados, ¿cómo va a ser posible liquidarlos en los mercados internacionales? “Aquí no tenemos ni idea”, decían en PDVSA.

Un aprendizaje clave ha sido que la emisión develó la percepción de riesgo que existe sobre la deuda pública venezolana. El estimado de venta del bono en el mercado secundario es apenas 68% de su valor, lo que significa que se le está exigiendo a Venezuela 19,42% de interés anual. Una tasa así, cuando los títulos del tesoro de Estados Unidos rondan el 1%, es todo un escándalo. Si en lugar de dos años se hubiese colocado a cinco, el bono cotizaría a 38% de su valor, la expresión más pura de lo que en el mercado se denomina un "bono basura".

El gobierno socialista escogió la modalidad de subasta para determinar el precio de los bonos. Llama muchísimo la atención que haya sido así, toda vez que la subasta es el mecanismo por excelencia del mercado, un instrumento capitalista a través del cual el vendedor descubre la mayor disposición a pagar del comprador, sacándole así el mayor provecho posible a la venta. ¿Les gustó no?

Para hacer más atractivo el instrumento a los bancos, se cometió la sinvergüenzura de no considerar estos títulos como parte de la cartera en moneda extranjera de la banca. Por esa razón es muy probable que el sistema financiero termine empujando la subasta por encima de 200% (ya los activos en bonos públicos son amplia mayoría en los activos del sistema… un día les van a tocar la puerta y… bueno, ese es otro tema). A ese nivel de prima, el instrumento como medio de adquisición de divisas inmediato no es tan atractivo, aunque sí lo es como inversión de mediano plazo: Rinde 19,42% anual en dólares (siempre y cuando el Estado venezolano pague su deuda dentro de dos años).

Todo este afán por evaluar la inversión y tratar de definir una estrategia que nos permita sacarle el mayor provecho, dejó escapar por debajo de la mesa el hecho de que PDVSA ha vuelto a emitir deuda financiera para pagar sus gastos operativos. Un remedio que si se toma de forma consistente es récipe seguro para la bancarrota financiera. Una vez más estamos comprando algunos meses de oxígeno a cambio de la ruina futura.


Disponible en:
http://www.eluniversal.com/opinion/090703/el-oracu...

Miguel Ángel Santos