He pasado buena parte de estos años defendiendo una sección del sistema nacional de estadísticas, en particular la que se origina en el Banco Central. A veces por convicción, otras por el franco deseo (wishful thinking) de que los economistas pudiéramos seguir teniendo algo que decir, siempre me aferré, en lo posible, a las estadísticas del BCV. Después de todo, aunque no fuesen del todo kosher, era lo único de que disponíamos. Siempre me causó risa ese mal chiste de mi buen amigo Luis Pedro España, según el cual la muestra estadística utilizada por el CENDA para calcular su propio estimado de variación de precios se tomaba en el Rey David de Altamira. Dicho eso, la verdad es que cada vez nos la están poniendo más difícil.

Nuestras estadísticas nacionales empezaron a viciarse a partir de la toma de PDVSA durante la huelga general de 2002. Según aquél BCV, el paro había causado una caída en la actividad petrolera de 10% en 2002 y otro 10% en 2003. A partir del cambio de año base implementado en 2004 nuestro pasado cambió, y las “nuevas estadísticas” arrojaron una caída de 12% en 2002 y apenas 2% en 2003. Eso decían los fax enviados desde PDVSA al BCV, enchufados servilmente en las hojitas de cálculo de Excel.

En aquél entonces también se dejó de publicar la inversión privada, y se incorporaron a inversión de capital total las importaciones de bienes durables. Elías El-Juri (INE) implementó una estrategia creativa para reducir el desempleo: Quienes participaran en las misiones educativas serían considerados inactivos (no-desempleados), aunque estuviesen buscando trabajo de forma activa. Así se redujo de forma acelerada nuestra tasa de desempleo, aunque no se estuviesen creando puestos de trabajo más allá del sector público. Más adelante, se aprobó una legislación según la cual PDVSA no estaría obligada a vender al BCV las divisas que obtiene a través de la venta de petróleo. Así, PDVSA empezó a canalizar una cantidad cada vez mayor de divisas al FONDEN, otra creación del imaginario chavista, entregando al BCV sólo lo necesario para cubrir las aprobaciones de CADIVI. Tampoco sabemos quién ejecuta el gasto público y menos aún a cuánto asciende. Quizás ya ni siquiera ellos lo sepan. Y estos no son todos, son sólo los que caben aquí.

Ahora van contra la inflación (¡pero contra la estadística!). Aunque las liquidaciones promedio de CADIVI se han reducido en más de 60% y los importadores se han visto obligados a recurrir al mercado paralelo a una tasa tres veces mayor, el BCV está reportando una inflación de apenas 10% en el primer semestre. Tras todas estas manipulaciones, los economistas han sido transferidos a la nómina de la cartomancia, de los leedores el tarot (con el perdón de estos dos respetables grupos). Ya no tenemos, ni nosotros ni nadie, cómo saber en qué estamos y a dónde vamos a ir a parar. Nos queda la certeza que se deriva de la experiencia de los países que han optado por este mismo set de políticas. Algo así como lo ocurrido en la Unión Soviética, que se derrumbó como un castillo de arena mientras su sistema de estadísticas nacionales continuaba proclamando el crecimiento, la estabilidad de precios y el pleno abastecimiento.


Disponible en:
http://www.eluniversal.com/opinion/090710/el-pais-...

Miguel Ángel Santos