Agradezco a la Gerencia de Estadísticas del Banco Central de Venezuela (BCV) la deferencia que han tenido al invitarme, a raíz de la publicación de mi artículo “El pasado ya no es lo que era antes” (El Mundo, 4 de Octubre, 2004), a discutir acerca de la metodología utilizada en el cambio de año base para el cálculo del PIB recientemente operado por la institución, y sus efectos favorables sobre las estadísticas de crecimiento económico correspondientes al período 1999-2003.

¿Qué me gustaría dejar en claro después de pensar sobre este tema durante esta semana? En primer lugar, algo que ya había enfatizado en mis comentarios anteriores: El cambio de año base es un mal necesario que hay que sufrir cada cierto tiempo, a fin de que la estimación del PIB guarde mayor relación con las cosas que se producen y venden en Venezuela. Este proceso comenzó en el BCV en 1997, siguiendo los lineamientos internacionales sobre normas de cuentas nacionales, y aunque nos deja sin una serie amplia y consistente para hacer estudios de largo plazo (se revisaron las cifras hacia atrás sólo hasta 1997), de aquí en adelante debería proveer estadísticas que guardan una relación más estrecha con el proceso de producción de bienes y servicios en Venezuela.

En segundo lugar, el proceso de cambio estadístico ha producido algunas variaciones importantes a las que ya me he referido, en su mayoría favorables para la actual gestión administrativa (entre 1999 y 2003). Las diferencias en este caso están específicamente ocasionadas por la revisión del cálculo del PIB petrolero; cuando se trata del sector no-petrolero (donde se concentra la mayor parte del trabajo de recolección y revisión de estadísticas por parte del BCV) no existe diferencia significativa entre las estimaciones de crecimiento usando ambos años bases (1984 y 1997).

Así, por ejemplo, el PIB petrolero de 1999, en lugar de la caída de –7.42% reportada anteriormente, ahora presenta una caída de sólo 3.77%, 3.65% más positiva que cuando se calculaba utilizando la base 1984. Más aún, la caída del PIB petrolero del año 2003, anteriormente calculada en 10.71%, ahora resulta ser sólo de 2.07%, 8.64% más favorable (menos negativa) de lo reportado anteriormente. Esto por no mencionar las cifras correspondientes al primer trimestre 2004, donde la variación es aún más abrupta, pero en donde (según se me informó) las estimaciones todavía con preliminares.

Aquí tengo que decir que los argumentos que gentilmente me fueron presentados en el BCV no me llegaron a convencer, a saber, que el cálculo del valor agregado del petróleo ha sido afinado y contiene diferentes categorías que reflejan mucho mejor la composición total de la producción petrolera venezolana entre las diferentes modalidades de valor agregado. Y no estoy de acuerdo porque los resultados están reñidos con el sentido común y con los reportes de las agencias internacionales de energía y la propia OPEP: Según las nuevas estadísticas, no solamente el paro petrolero y la sustitución masiva de trabajadores tuvieron consecuencias mínimas para la producción del sector (¡2.07%!), sino que además durante el primer semestre del año 2004 la producción ha superado en 11.5% los niveles que tenía durante el primer semestre del año 2002, antes del paro.

Esas enormes inconsistencias en materia de PIB petrolero son las que explican las variaciones a las que me referí durante la semana pasada. Más allá de las coincidencias y divergencias, agradezco la respuesta civilizada de la Gerencia de Estadísticas del BCV, la oportunidad que me han brindado de discutir con ellos mis percepciones sobre los resultados del proceso de cambio del año base, y reitero mi respeto por el enorme trabajo de siete años que recientemente ha culminado, y sus resultados sorprendentemente coherentes en materia de PIB no petrolero.

Miguel Angel Santos