Por estos días Andrés Izarra ha hecho algunos comentarios sobre la herencia económica de estos 14 años que vale la pena analizar. Ha dicho, citando al FMI, que en este período nuestra economía creció más que Brasil y México. Esa fuente indica que entre 1998 y 2012 Chile creció 72%, Bolivia 66%, Argentina 64%, Brasil 55%, Venezuela 46%, México 41%. Sí crecimos más que México, pero como nuestra población crece a un ritmo más rápido, en términos de PIB por persona (como debe ser) también estamos por debajo. Y es que crecer 46%, cuando la población crece 27%, equivale a crecer apenas 15% por habitante en 14 años, alrededor de 1% anual. En esto, según las fuentes internacionales (CEPAL, Penn World Tables), sólo superamos a Haití. Tras la bonanza petrolera más prolongada de la historia, habiendo cuadruplicado la deuda externa y multiplicado por cien la interna, no me parece nada que debamos celebrar. “Ese crecimiento fue con inclusión, algo nunca visto”. ¿Con inclusión de quién? Porque según el BCV, el salario real promedio de un trabajador venezolano hoy en día es 15% menor que en 1998. Es decir, que el beneficio del crecimiento, repartido como está entre trabajo y capital, recayó sobre este último.



A propósito de que el bolívar se encuentre entre las monedas más devaluadas del mundo dice Andrés “devaluar no significa nada: Dile a los chinos que han fracasado porque han devaluado su moneda”. Es decir, como si nosotros hubiésemos devaluado para fortalecer nuestras exportaciones. Basta con notar que en 1998 las exportaciones no petroleras de Venezuela totalizaron 5.580 millones de dólares (31% del total) y al cierre del año pasado 3.770 millones (3% del total). Es decir, en términos absolutos han caído 32% en 14 años. ¿Qué vamos a exportar? Si cuando se ejecutó la expropiación de las cementeras, una de las “justificaciones” del gobierno fue que exportaban. Aquí se penalizó la exportación: todos los que exportaban ya quebraron.



Dice también Andrés que toda “la paja esa de la deuda” es irrelevante porque lo que importa es la relación deuda/PIB. A 6,30, la deuda/PIB ahora es de 51% (en 1998 era de 28%). Pero nadie cree que 6,30 sea nuestra tasa de equilibrio (vamos a ver qué resulta del SICAD). A 10, por ejemplo, por citar una tasa cualquiera, la deuda llegaría a 75% del PIB. Y así sucesivamente. La devaluación sí importa. “Esos niveles son manejables, comparado con Francia”. Pero es que nosotros no somos Francia. Nosotros pagamos una tasa de interés cuatro o cinco veces más alta. Los defaults en América Latina se han dado a una relación deuda/PIB muy inferior a la de países desarrollados.



En fin, la economía no parece un buen lugar para meterse si se quiere resaltar positivamente el legado de Hugo Chávez. Usar la renta petrolera y endeudarnos hasta el cuello para importar comida es insostenible. No se trata de socialismo o capitalismo, se trata de lo que funciona. Ahí están Brasil, Chile, o Perú, con gobiernos fuertes en términos de provisión social pero creciendo sin inflación, y reduciendo pobreza a un ritmo mucho más rápido y sostenible que nosotros. Y todo eso, sin controles de precios, ni de cambio; sin FONDEN, sin expropiaciones, y sin los cientos de miles de muertos.





Miguel Ángel Santos