Aunque cada vez que ocurren grandes crisis financieras uno escucha que son fenómenos impredecibles que ocurren “una vez cada cien años”, en realidad no es así. Son bastante más frecuentes y aunque no del todo predecibles, es posible diseñar un sistema de indicadores que provea alertas tempranas. Esa es la conclusión de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhardt en “Esta vez es diferente” (This time is different, Princeton University Press, 2009). Los autores estudian los episodios de crisis cambiarias, inflación, defaults y financieras que han ocurrido en el mundo en ochocientos años (de particular interés es cuando todas se presentan juntas y los mecanismos de transmisión). Aunque muchos países han conseguido “graduarse” y superar las primeras tres, las crisis financieras son persistentes, y sus consecuencias muy similares entre países desarrollados y sub-desarrollados. Esta es una de las conclusiones más contra-intuitivas, pues cabría esperar que la calidad de las instituciones y las regulaciones típicas del desarrollo provean mejores antídotos contra crisis financieras. No ocurre así.

La naturaleza de la macro-tarea que se proponen las autores obliga a hacer algunas generalizaciones. En ninguna de esas sale Venezuela favorecida. Según el criterio para identificar una crisis de inflación (variación de precios superior a 20%), Venezuela ha estado en crisis en tres de cada cuatro años durante las dos últimas décadas. Según el criterio que define una crisis cambiaria (devaluación o depreciación mayor a 15%) calificamos entre nueve y once de los últimos veinte años. En default (la falla del gobierno para cumplir con un pago de intereses en la fecha acordada) también quedamos mal parados. “Hasta Venezuela, el campeón del default de la era moderna con diez episodios desde su independencia, todavía promedia 18 años entre cada default”. Nuestro país se encuentra caracterizado en eso que los autores llaman “baja tolerancia a la deuda”: países mucho menos endeudados en términos relativos (% del PIB), que caen en default con mayor frecuencia. Tenemos una combinación peligrosa: Pésima calificación de riesgo y niveles de deuda/PIB mayores a 35%. Sacamos todos los números de la rifa.

En términos de lecciones de política me gustaría resaltar dos. De acuerdo con Rogoff-Reinhardt, los países con tipo de cambio flexible, cuyos bancos centrales no están obligados a mantenerse “pegados” a otra moneda o defender un tipo de cambio fijo, tienen mejor capacidad de respuesta y tienden a superar las crisis más rápido. La segunda: La liberalización del mercado de capitales está asociada con una mayor probabilidad de ocurrencia de crisis financieras. Y es que los flujos de capitales terminan acentuando la naturaleza pro-cíclica de las políticas de muchos países en desarrollo. En este sentido, parece mucho más sensato un sistema de penalización a los movimientos de capitales de largo plazo, como el que ha prevalecido en Chile durante ya algún tiempo. Lo demás es conocido: Es necesaria una mayor transparencia y una mejor supervisión (tampoco salimos bien aquí). Buena lectura, y buenas ideas para cuando se trate de crecer y desarrollarnos, y no de destruirnos a nosotros mismos.

Disponible en:
http://www.eluniversal.com/opinion/101015/esta-vez...


Miguel Ángel Santos