Este fin de semana tuve la oportunidad de ver la película Fahrenheit 9/11 de Michael Moore. El controvertido productor de cine ha hecho un estudio de los sucesos acaecidos el 11 de Septiembre del 2001 en Nueva York, sus secuelas, y su relación con la familia Bush. Vale decir que es la tercera semana de exhibición de la película y todas las salas del complejo de cine al que asistí se encontraban completamente llenas. Los espectadores que lograron entrar pagaron 7 dólares por ver un documental de dos horas sobre el 11 de Septiembre, pero difícilmente un documental más. Está allí la sospechosa autorización de salida hacia el Medio Oriente de 18 miembros de la familia Bin Laden residentes en Estados Unidos, escoltados por funcionarios de seguridad del gobierno y dentro de las 48 horas siguientes al atentado, en un momento en que el espacio aéreo del país se encontraba cerrado por completo. Están allí las relaciones que existen entre los tesoreros de la familia Bush y los de la familia Bin Laden, en algunas ocasiones (negocios) los mismos, en otras estrechamente relacionados. Se encuentra allí expuesta la intricada red de conexiones entre la familia Bin Laden y los negocios de petróleo de la familia Bush, así como los inmensos beneficios que la guerra de Irak ha dejado a un pequeño grupo de empresarios asociados a la administración Bush. Está allí expuesto con crudeza el hecho de que solamente uno de los congresistas de Estados Unidos tiene a un hijo sirviendo en Irak. Sólo por mencionar algunos detalles. La conclusión de estas dos horas es que George Bush es un incompetente sin capacidad ni disposición de convertir a los Estados Unidos en un territorio más seguro para todos sus habitantes, dispuesto a defender sus intereses particulares a costa de las vidas de miles de ciudadanos. Son precisamente los ciudadanos más pobres, menos educados y en general menos favorecidos por el sistema, los primeros en ser llamados a acudir a defender los intereses de ese mismo sistema que los oprime.

Esta película, y la actuación pública de Michael Moore en general, han generado un inmensa controversia en Estados Unidos. Algunos piensan que es un genio, otros que es un mero manipulador de imágenes con fines políticos, un vendedor de ilusiones. Pero eso no es lo importante.

Lo importante es que Michael Moore vive en un país libre en donde puede hacer la película que le da la gana y exhibirla en todos los cines, en tanto resulte rentable o esté alguien dispuesto a gastar los recursos involucrados en el proceso, dejando en ridículo al Presidente de turno en medio de una cerrada campaña electoral. Lo importante es que ahora saldrán otras películas que probablemente apoyen a Bush, hechas por los Michael Moore del gobierno, y que a fin de cuentas el espectador norteamericano será quien decida qué quiere ver y qué no, y con qué versión de la historia se queda. Lo importante es que el gobierno no piensa que los ciudadanos son meros imbéciles fácilmente manipulables por un conjunto de imágenes, y si acaso lo piensa se encuentra dentro de un sistema de equilibrio de poderes que no le permite prohibir la exhibición de la película ni de ninguna otra manifestación de este tipo.

No cabe duda de que la sociedad norteamericana tiene inmensos vicios, algunos de los cuales han salido a la luz pública no sólo en Fahrenheit 9/11, sino también en el documental anterior de Michael Moore, Masacre en Columbine. Pero si hay algo de lo que Michael Moore tiene que estar agradecido, si hay algo que le ha permitido surgir como figura y ser Michael Moore, y exponer estos hechos en esa forma tan particular y tan cruda, es precisamente ese valor de libertad y equilibrio que prevalece en esa sociedad, es ese respeto por el ciudadano y por el espectador, es esa libertad para que cada quien haga su propio juicio. Eso es bastante más de lo que los venezolanos podemos presumir.

Miguel Angel Santos