Tengo para mí que el segundo día de un nuevo año, quien se asoma a las páginas de un diario no tiene deseos de leer nada que tenga que ver con balances del año anterior, ni con cifras, ni tampoco con resúmenes de noticias pasadas. Esos temas no concuerdan con esos aires de novedad y de cuaderno en blanco que se respiran en estos primeros días. Irónicamente, como si lo que hubiese no fuese una continua sucesión de días sino compartimientos estancos claramente diferenciados, los balances suelen gozar de mayor popularidad unos días antes, los veintitantos de Diciembre de cada año, no los primeros de Enero.

Con esa certeza en mente pasé más de una semana pensando en qué ideas podrían estar acordes con ese sentimiento colectivo. En eso estaba cuando me topé con la novela/crónica de Federico Vegas. Pensé en referirme al Falke, tan lleno de quiénes somos y cómo actuamos los venezolanos, de lo poco que dejamos madurar las ideas, de esa pasión que “sin ninguna meditación, transformamos en política.” Saturado de esa ausencia de equilibro entre sentir que la situación del país amerita que uno deje de hacer pendejadas, y el proceder sin reflexionar a ejecutar acciones que producen resultados casi tan pendejos como el dejarse estar.

¿Qué más venezolano que aquella percepción de “llevamos el enemigo por dentro… Aún no partimos y ya llegan los ataques, las traiciones, y lo más perverso: son de quienes también adversan a Gómez… Basta que se sepa que alguien está por hacer algo, para denigrarlo; peor aún, para facilitarle el trabajo a los espías de Gómez”. Quizás constatar que lo que hoy tanto molesta siempre fue así, nos de alguna energía para hacerle frente. Después de todo, uno no se puede dejar vencer por lo convencional.

Pensé que una referencia al libro sería necesaria, aunque sólo fuese para mencionar la carta que Rómulo Gallegos escribe a Rafael Vegas, presunto autor de los documentos, cuando decide devolverle los diarios que conforman el Falke (el autor tenía la intención de que fuese Gallegos quien les diese forma de novela a esos textos). Las primeras líneas de esa carta son verdaderamente impresionantes, desde nuestra circunstancia y después de tantos años. Escribe Gallegos: “Ha muerto Juan Vicente Gómez. ¡Qué ingenuidad asombrarse por el paso del tiempo! Acaso no sabíamos que hasta el más cruel y obstinado presente termina por convertirse en pasado”.

Pensé en esa reflexión como útil para estos días porque siento que demasiados de nosotros hemos comenzado el año pensando en que nuestra obstinada realidad de estos días nunca llegará a convertirse en pasado. Tengo la impresión de que piensan así tanto quienes se sienten oprimidos por el poder como quienes lo ostentan.

Este es en mi opinión el mayor valor de Falke: Diario de viaje en términos geográficos, es a la vez es un viaje a la forma de ser de los venezolanos, y a ratos un viaje a través de la adolescencia, a través de esa edad en que uno no termina de conformarse con la forma de ser de las cosas, y sueña con implementar un nuevo orden, con probar sus propios remedios.

En este sentido, el Falke, el libro, el autor y el barco, y también el lector, navegan a la manera del Cuento de la Isla Desconocida de José Saramago: Todos en rumbo a conocerse a sí mismos.

Miguel Ángel Santos