Todo parece indicar que el racionamiento a la gasolina no va a llegar muy lejos. El gobierno exhibe una actitud similar a la de los anteriores desde que la inflación empezó a ser un problema: La negación. No se acepta que a los precios actuales se demande mucho más de lo que se oferta, pero tampoco que los precios suban. Esta manera de pensar no es nueva. Es el Ministerio de Fomento regulando los precios de las bolsas de hielo all over again. Todo parece ser el anticipo de un aumento en el precio de la gasolina.

Aunque los diputados opositores distan mucho de conformar un bloque compacto y coherente, he notado que predomina cierta oposición al aumento de la gasolina. Uno tiene que pensar que esto es algo que deberá ocurrir tarde o temprano. Siendo así, y sabiendo que la medida posiblemente pueda tener algún costo político, ¿por qué no dejar que ese ajuste lo asuma Chávez? Me da la impresión de que uno puede utilizar la medida en que un diputado de este bloque se opone al aumento de la gasolina como instrumento para medir qué tanto se cree que puede llegar a ser gobierno.

Vamos a verlo de otra forma. Dejando por fuera el escenario en el que Chávez triunfa en 2012 (no por improbable, sino porque carece de interés el ejercicio), el verdadero reto de una eventual administración de oposición será el recibir ese país agarrado con pinzas, en el que todo puede ocurrir y todo es posible, todo se puede venir abajo. Imagínese ese escenario, pero ahora con Chávez en la oposición. Ha quedado en evidencia que el chavecismo tiene una enorme capacidad de desestabilizar, ¡siendo gobierno! Imagíneselos en la oposición. Siendo así, yo como diputado preferiría insistir o tal vez no oponerme demasiado al aumento del IVA, la devaluación, el aumento a la gasolina. Mientras más rápido sean adoptadas por el gobierno, mayor margen de maniobra (política y económica) tendrá la próxima administración.

No me gusta tampoco el oportunismo político, el salir a criticar el aumento de la gasolina y pedir un aumento general de sueldos y salarios de 30%, porque esa es una actitud con la que sería imposible ser consecuente si se llega a ser gobierno. No me gusta el “después de que lleguemos ahí, ya veremos cómo se hace”. Hacerlo para “meterle fuego a la candela” es menospreciar al elector e insistir en las actitudes que dieron al traste con la política como ejercicio ciudadano y nos trajeron hasta aquí. Hay que hacer énfasis en el absurdo precio que ha alcanzado la gasolina y en la incapacidad del gobierno para montar un sistema de transporte público subsidiado con la gasolina cara de quienes utilizan vehículos privados.

Alguien me comenta: “antes de subir la gasolina, que paren la regaladera”. Una cosa no quita la otra. Creo que es un argumento inteligente desde el punto de vista político, no así desde el punto de vista estratégico. A menos que se piense que uno nunca va a ser gobierno. Hay que ser consistente, empezar a pensar en la posibilidad de gobernar y promover cualquier cosa que ayude al gobierno a llegar sin gasolina al 2012. Es eso, o enfrentar la posibilidad de que a una eventual administración opositora le bauticen el mandato prendido en gasolina, a-la CAP 1989.



Miguel Ángel Santos