La polarización ocurrida en la sociedad venezolana a raíz del ascenso del fenómeno Chávez alcanzó también el evento “Palabras para Venezuela”, realizado para promover la inauguración de la flamante sede de un banco privado, que contó con la participación de Mijail Gorbachov y Oscar Arias. Al contrario de otros capítulos de nuestra historia reciente, en donde la polarización ha surgido más bien como reflejo inconsciente, consecuencia casi automática a partir de un período de exposición relativamente prolongado a la realidad venezolana, esta polarización ocurrida en “Palabras para Venezuela” parece más bien articulada, hecha coincidir para producir la apariencia de equilibrio.

A fin de cuentas, no se puede decir que Mijaíl Gorbachov y Oscar Arias hayan estado – juntos – lo suficientemente expuestos a la realidad nacional (evidentemente este último mucho más que aquél) como para haberse dividido de manera espontánea. Esa falta de familiaridad de Gorbachov queda registrada en la entrevista que le concediera a Roberto Giusti (El Universal), en donde el expresidente se pasea sin demasiada destreza sobre los diferentes matices de la realidad venezolana, mostrando a veces una simpleza y una ingenuidad que le son completamente ajenas. En su esfuerzo por producir la contundencia que sí producen sus disertaciones sobre asuntos internacionales, en sus ganas de aparecer como quien opina de manera informada, el expresidente ha generado una confusión mayor a la que en su día produjo ver al fundador del partido social demócrata ruso promocionar las ventajas de la masa, la salsa, y el queso de Pizza Hut. Y mire que aquello produjo confusión.

Dice Gorbachov que cuando eligieron a Chávez aquí “todo transcurrió de acuerdo con la democracia y no hubo ningún tipo de violación en ese sentido”. Precisamente de eso se trata, de que un sistema político contra el que Chávez atentó, le dio la oportunidad de participar como candidato y ganar en buena lid unas elecciones con una autoridad electoral en la que él no tenía ni un solo representante. Se trata de que el sistema de partidos tradicionales se vio rebasado por Chávez y, llegados a esa instancia, negarle su legítimo acceso a la presidencia hubiese puesto al país en una profunda crisis política y social. Ahora bien, cinco años después (que ya casi son seis), es Chávez el que se está viendo rebasado por un movimiento político de oposición, que, si bien desarticulado y a ratos sin cabeza, lo ha colocado contra la pared. Seis años después, los referentes más recientes de elecciones son las que acaba de ganar la oposición en la UCV con el 80% de los votos, y aquellas en donde Carlos Ortega derrotara a Aristóbulo Istúriz con más del 60% de los votos. Pero ahora Chávez no quiere darle a esa oposición la oportunidad que el sistema agotado de partido políticos tradicionales le dio a él en 1998. Al hacerlo, ha colocado al país en una crisis similar a la que hubiese causado el bipartidismo de haberle negado a Chávez la oportunidad de participar en aquellas elecciones. De eso se trata.

Dice Gorbachov que Chávez “no pretende nada”, que a él “ lo eligieron por seis años y quiere concluir su mandato tal y como lo señala la Constitución”. Ahora, la cosa no se trata de lo que Chávez quiera, como dice la frase que suena más a confesión involuntaria de concepción autoritaria, sino de lo que la gente que ya lleva viviendo seis años de Chávez quiere. Y si se trata de la Constitución, esa que el Presidente se hiciera como un traje a la medida, es esa misma que consagra el período presidencial de seis años la que establece el mecanismo para revocar el mandato de quien fue electo y evidentemente no resultó. Termina diciendo Gorbachov que “en conclusión, el problema de Venezuela es de los venezolanos”. Eso lo sabemos hace rato, y estamos trabajando en eso.

Miguel Angel Santos