Nunca es casualidad que un determinado libro caiga en nuestras manos en determinado momento. Me gusta pensar que hay cierta lógica de vida detrás de ese proceso que desemboca en la lectura de una entre tantas otras cientos de miles de posibilidades. Así, saltando de una referencia a otra, llegó a mis manos “A fuerza de pensar”, del economista húngaro Janos Kornai (“ By force of thought”, MIT Press, 2007).

Nacido en Budapest, alcanzó la mayoría de edad en ese peculiar período en que los soldados soviéticos desalojaron a los de Hitler de Hungría. Tras ser “liberado” decidió unirse a la juventud socialista. Desde allí contribuyó a sentar las bases de la Revolución de 1956 y se convirtió en uno de los grandes teóricos de la transición post-Soviética. Fue desencantándose poco a poco del régimen, y llegó a escribir una obra muy influyente, “Sobre-centralización” ( Overcentralization), el primer libro salido de detrás de la cortina de hierro que criticaba de forma abierta al régimen. A éste le siguieron muchos otros, que ayudaron a los intelectuales de Occidente a entender mejor la mecánica interna del socialismo y sus debilidades implícitas. Hoy en día Kornai es tenured professor en la Universidad de Harvard (83 años).

Hay tres grandes aspectos que me han llegado de esta lectura. El primero es la afiliación de Kornai a la juventud socialista, a pesar de los evidentes crímenes y abusos que se cometían a diario contra sus compatriotas húngaros. “Todas aquellas experiencias horrorosas que oíamos a diario quedaban confinadas al inconsciente; sí, las oía, pero no le atribuía todo el peso que tenían, porque si hubieran salido a flote habrían debilitado mi confianza en la Unión Soviética… Yo no hacía sino pensar en que ellos habían perdido muchas vidas para salvarnos de la aniquilación nazi… Así, mi confianza en el régimen se fue fortaleciendo hasta el punto en que transmutó en una fe ciega e incondicional”. Algo de esa necesidad de identificación y correspondiente ceguera podría estar también detrás de esas otras fidelidades incondicionales que nos resultan tan difíciles de comprender.

Otro aspecto que me ha impresionado es el hecho de que Kornai aprovechara su enorme ventaja comparativa para convertirse en uno de los profesionales más destacados de su época. Desarrolló una veta de investigación como ningún otro economista lo hubiera podido hacer. ¿De qué se puede escribir e investigar en Venezuela por estos días? ¿Qué nos está pasando que podamos explotar desde el punto de vista del conocimiento? Los 150.000 asesinatos, las hordas de refugiados y la fuga de talentos, la exclusión, el petróleo y la petro-diplomacia, se me ocurren sólo como algunas posibilidades.

Por último, me quedo con ese pasaje en donde relata su “liberación”. Ese día le sorprende escondido en un sótano de Budapest. Dos soldados soviéticos abren la compuerta y, a través de la luz filtrada por la escalera de caracol, ven abajo al joven Kornai, de apenas 16 años. Uno de ellos le estira la mano y cuando éste se incorpora, pensando que le ofrecen ayuda para subir, le grita: “¡Davay chasi!” (¡el reloj!). Buena lectura, y buena introducción a lo que termina siendo siempre el socialismo.


Disponible en:

http://www.eluniversal.com/opinion/110318/kornai-a...

Miguel Ángel Santos