De todos los aumentos porcentuales que se produjeron el año pasado en las variables que se utilizan para medir el desenvolvimiento de la economía, el más importante fue de lejos el de las importaciones: De 10.700 a 17.000 millones de dólares (60%).

Esto representa 17% del Producto Interno Bruto (PIB) venezolano, un aumento estimado de más de 6% del PIB en un solo año. Para utilizar una comparación ilustrativa: El crecimiento de más de 100% reportado para la cartera de créditos de la banca al sector privado, hizo pasar a esa cifra de 8% del PIB (11.1 billones de bolívares) en el 2003, a 10.5% del PIB (22.2 billones de bolívares) en el 2004. Un crecimiento porcentual importante partiendo de una base escuálida, pero una cifra que palidece ante el incremento de las importaciones.

Se está volviendo así a reeditar la vieja idea de utilizar los dólares provenientes de un período de cierta bondad en los precios del crudo, para sobrevaluar la moneda, aumentar el consumo de bienes importados, mantener baja la inflación, y crear una efímera sensación de bienestar.

La sobrevaluación de la moneda, el hecho de que un dólar sea capaz de comprar más afuera que su contrapartida (1.920, hasta ahora) en bolívares en Venezuela, ha sido estimada en la vecindad de 30%. Esto quiere decir que un empresario venezolano que produce para la exportación y sigue siendo igual de eficiente que siempre, hoy en día es 30% más caro en el exterior de lo que era antes, y su contraparte del exterior hoy en día es 30% más barato en Venezuela.

Con esa relación se estimula el consumo de bienes importados sobre la base de una renta en divisas que siempre resulta temporal. Es una política para traspasarle toda la volatilidad del ingreso petrolero a un componente importante del consumo venezolano. En el otro extremo, se hace imposible la producción de bienes de exportación no tradicional, lo que nos hace cada vez más dependientes de la renta petrolera.

El consumo de bienes importados, que hoy en día traen inflación de un dígito de sus países de origen, sirve para mantener moderada la inflación (decir anclar la inflación sería decir mucho). Esa es una de las razones por las cuales el año pasado cerramos con apenas 19.2%, un “apenas” que le alcanza a Venezuela para ser la inflación más alta de todos los mercados emergentes, seguido muy de lejos por Rusia y Egipto (11%).

Para financiar ese inmenso flujo de bienes importados CADIVI liquidó más de 100 millones de dólares diarios en Diciembre, una cifra sin precedentes en la economía venezolana. A ese ritmo vamos a liquidar en un año todas las divisas provenientes de las exportaciones petroleras, un método eficaz y seguro para garantizar que cuando pase esta bonanza a Venezuela no le va a quedar absolutamente nada en claro, al menos no inversión, no trabajo productivo, ya veremos si autopistas, puertos o algunas que otras obras de infraestructura.

En el paroxismo del absurdo, algunos productores locales de alimentos se han empezado a quejar de que si ya no pueden competir en el exterior, ahora tampoco lo pueden hacer en Venezuela, porque el gobierno está importando de forma directa bienes de consumo para ser distribuidos a través de MERCAL, que no pagan aranceles de aduana y tampoco IVA.

La idea del crecimiento endógeno para Venezuela es extemporánea y absurda, esa es una política que rindió sus frutos hasta el año de 1979, e insistir en ella es insistir en lo que no ha resultado desde entonces. Pero las políticas de hoy, que no tienen nada de endógeno, pueden resultar todavía peores.

Miguel Angel Santos