Por allá por el año 2003 se instaló en Maracaibo un esquema de pirámide que se dio a conocer con el nombre de la Vuelta. La Vuelta prometía retornos espectaculares a sus inversionistas, pero no invertía en nada específico. Parte de los aportes eran robados por sus diseñadores y otra parte iba a pagar los retornos de quienes iban de salida, y así sucesivamente. Como todo esquema de pirámides, esto continúa hasta que los vencimientos son tan grandes que es imposible conseguir una nueva ola de aportes para pagarlos, tras lo cual se viene abajo la pirámide, para desgracia de las últimas rondas de inversionistas en entrar. En la Vuelta esto ocurrió en 2005.

Si uno lo piensa bien, la deuda pública venezolana exhibe características cada vez más similares a la Vuelta. Debido a la desconfianza que inspira el Presidente, a Venezuela le exigen tasas de interés en dólares muy altas. Hoy en día nuestra prima de riesgo ronda el 10% y se han llegado a ver emisiones de deuda de PDVSA con tasas implícitas superiores a 20%. Pero los nuestros no se dejan intimidar por esas tasas. De la bonanza que los demás exportadores de commodities utilizaron para amortizar deuda, fortalecer reservas o fondos de estabilización, nosotros hemos salido aún más endeudados.

Y he aquí que, cada vez que viene un vencimiento, el Presidente sale de nuevo a pedir prestado. Para pagar a los tenedores de bonos las extraordinarias tasas que ha prometido, emite deuda nueva a tasas similares o todavía más altas, se coge algo para el gasto público y le paga a la ronda anterior, y así sucesivamente. Al igual que en la Vuelta, uno se consigue gente que viene saliendo de cobrar y se siente reafirmado. ¿Qué tamaño tiene esta pirámide ya? Para tener una idea, en 1998 la deuda externa venezolana era de 27.900 millones de dólares. Al cierre del 2010 se estima en 95.000 millones de dólares, y para este año podría alcanzar los 125.000 millones de dólares. La mayoría de este endeudamiento ha ocurrido de 2006 para acá (sólo cuatro años). ¿Por qué eso de “se estima” o “podría”? Un elemento clave para extender la supervivencia de una pirámide es que los participantes desconozcan el tamaño y no puedan precisar la probabilidad de que estalle. Así, nuestras finanzas públicas se llevan desde hace varios años de manera muy poco transparente ex profeso, contratando deuda desde diferentes niveles que no consolidan en las cuentas públicas, gobierno central, PDVSA, empresas del Estado, y que en muchos casos tampoco reportan (Fondo Chino, proveedores, expropiados).

Así funciona la Vuelta de Chávez. Ahora bien, quienes en esta circunstancia decidan apostar su dinero a la Vuelta entran como anillo al dedo dentro de la doctrina de “deuda odiosa” (odious debt). Según este principio “cuando los prestamistas le dan dinero a un gobierno conspicuamente cleptómano y corrupto, los gobiernos subsecuentes no tienen la obligación de honrar dichos compromisos” (Kenneth Rogoff). En el fondo eso se deriva de un principio financiero muy claro: Han cobrado ya una prima por riesgo tan alta, que les ha permitido adelantar parte del pago del principal. Siendo así, que siga rodando la Vuelta, pero que estemos todos claros.

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Miguel Ángel Santos