De acuerdo con el INE, entre Junio 2004 y Junio 2005 el desempleo cayó 3.7%, de 15.5% a 11.8%. Contrasta la fuerte caída en el desempleo femenino (de 18.6% a 12.9%) con la relativa lentitud a la que se mueve el masculino (de 13.5% a 11.1%). Siendo el desempleo una relación entre el número de desocupados y el de personas activas, los movimientos en la estadística son un fenómeno complejo, que depende entre otras cosas del crecimiento poblacional, la creación de nuevos empleos, y el número de personas que, estando en edad de trabajar, desean efectivamente hacerlo. Esa complejidad hace del desempleo un indicador atractivo para la práctica de la alquimia, lo decía mi profesor de Labour Economics Chris Martin y lo certifica la desdichada suerte de los trabajadores venezolanos.

Según el INE, entre Junio 2005 y Junio 2005 a la población de mayores de 15 años se sumaron 433.672 nuevos miembros, pero la población económicamente activa (PEA) cayó en 218.947. De hecho, este es un fenómeno concentrado predominantemente en el sector femenino: Si bien el crecimiento de los mayores de 15 años se distribuye en forma idéntica entre hombres y mujeres (215.213 hombres, 218.509 mujeres), la caída en la fuerza laboral está más concentrada en estas últimas (160.574 mujeres, 58.373 hombres). En otras palabras, el nivel de actividad de los trabajadores venezolanos ha caído 2.9%: De los mayores de 15 años 68.1% deseaban trabajar en Junio 2004, mientras en Junio 2005 esa cifra totaliza 65.3%.

Esto se traduce en una caída automática en el desempleo, como consecuencia de la caída en el número de personas en capacidad y disposición de trabajar. Un simple ejercicio de aritmética nos ayuda a ilustrar los efectos de esta alquimia: Si para Junio 2005 la tasa de actividad hubiese permanecido estable en 68.1%, ¡la tasa de desempleo venezolana sería idéntica a la de Junio 2004 (15.5%)! Es decir, no es que no se hayan creado nuevos empleos, sino que la población de 15 años y más está creciendo todo el tiempo, y si las tasas de actividad se mantienen, los empleos creados no son suficientes para generar una disminución en la tasa de desempleo.

¿Por qué ahora no están dispuestas a trabajar personas que hace un año sí querían hacerlo? Existen varias hipótesis. La primera de ellas ha sido esbozada por mi amigo Daniel Ortega (IESA, no Nicaragua), en un documento titulado “La lectura correcta”. Según Daniel, la evidencia empírica mundial indica que cuando existen períodos de fuerte crecimiento económico, el efecto ingreso provoca el retiro de ciertas mujeres de un mercado laboral al que probablemente habían asistido más por necesidad, que por convicción. Esta posibilidad a mí en lo personal me pega un poco en el estómago; como dice Marino González, por más evidencia empírica que exista, uno no ve por ahí esas amas de cada descansando en el hogar porque ahora sus esposos se están ganando una bola de real.

Otra explicación más plausible viene de la ampliación de la cobertura de los programas sociales. Según esta hipótesis, las transferencias que reciben muchos venezolanos bajo las distintas misiones, podrían disminuir la disposición y el deseo de trabajar de un porcentaje de la PEA, dado que ahora cuentan (sin trabajar) con un ingreso con el que antes no contaban. Si esta última es “la lectura correcta”, la conclusión correcta debe ser a) que para seguir manteniendo a esa gente lejos del mercado laboral van a hacer falta cantidades cada vez más grandes de dinero; y b) que el día que el dinero no esté disponible amaneceremos con un incremento sustancial de la tasa de desempleo. Ese día se evaporarán los efectos de la alquimia.

Miguel Angel Santos