A Haiman El Troudi, como se dice por ahí, lo va a atropellar un carrito de helados. Pero vamos por partes. En este espacio, el primero de febrero, publiqué una nota (“La inflación ya no es lo que era antes”) explicando que el cambio en las ponderaciones de los bienes que se utilizan para calcular el IPC traería como consecuencia un índice de variación de precios mayor (se le daba más peso a los bienes que más habían subido de precios, y menos a los que habían experimentado una inflación menor).

Siendo así, sólo cabía esperar algún tipo de “corrección” que trajera el número de regreso hacia abajo a como diera lugar. Como si la inflación fuese el índice, y no lo que está padeciendo la gente en calle todos los días. Pues bien, terminado febrero, el BCV ha decidido olímpicamente dejar de reportar la inflación del Área Metropolitana de Caracas (AMC), refiriéndose en su lugar el promedio ponderado entre las ciudades de Caracas y Maracaibo.

No tiene nada de malo que el BCV decida estimar el índice de inflación de otras áreas metropolitanas del país, y tampoco el hecho de que haya decidido reportar una inflación “promedio ponderada” del conjunto de áreas metropolitanas. Lo que sí representa un palazo a la lámpara es el dejar de reportar de aquí en adelante la variación de precios del Área Metropolitana de Caracas.

Peor aún ha sido el intento de Haiman El Troudi de confundir al público comparando la cifra de inflación promedio de Caracas y Maracaibo reportada para febrero (2,2%), con la cifra registrada en noviembre en el área metropolitana de Caracas (4,4%). “¡La inflación se ha reducido a la mitad!”. Como dicen en inglés, nice try Haiman. Que haya pensado que quienes siguen la economía del país se iban a tragar algo así dice bastante más de él que de los analistas.

Quizás por algún descuido típico de los períodos de prueba, sigue en la página del BCV la variación del índice de precios al consumidor de Caracas y Maracaibo (por separado) para enero: 3,4% y 1,8%. Es decir, como en cualquier parte del mundo, la inflación en el interior es menor que en la capital. Para bien o para mal, la inflación de la que siempre se ha hablado en Venezuela, esa que se utiliza en el discurso oficial para hacer referencia a los gobiernos anteriores, es la de Caracas. De aquí en adelante, el gobierno va a tratar de reportar un índice promedio, ocultando la de Caracas, y hacer referencias al pasado con base en dos magnitudes imposibles de comparar (honestamente). Todo un deporte nacional. Una estrategia numérica más, el equivalente en economía a los cambios de nombres de instituciones, parques y avenidas.

Es un intento más que se suma a los malabarismos que hace el INE para bajar el desempleo considerando “inactivos” a quienes están en misiones educativas, o el propio BCV cuando deja de reportar la inversión pública y privada y en su lugar nos ofrece un pote que incluye también las importaciones de bienes durables como inversión, o la curiosa contabilidad que hace PDVSA de sus menguantes barriles diarios.

Una alquimia digna del brujo que predijo la muerte del Presidente Caldera en 1997, y del mismísimo mago del Ta-ta-ta-ta. Aunque con eso se me haya caído la cédula.


Miguel Ángel Santos