Según escribe Orhan Pamuk el miedo es uno de los factores que definen de forma más clara eso que llamamos la identidad nacional. Se refiere a qué cosas le tiene miedo una sociedad, que no siempre son los mismos miedos que desde el poder se procura sembrar para inhibir la identidad. Se refiere, por ejemplo, al temor que sienten los habitantes de Estambul por los terremotos. En Venezuela es evidente que existen algunos miedos muy compartidos, entre los que se cuentan el miedo a morir (de forma anticipada, se entiende, cualquier cosa que eso signifique) o a ser secuestrado. También está muy presente el miedo a perderlo todo, a verse obligado de repente a cerrar las puertas del pasado, del abasto, el kiosco, el negocio o el apartamento, salir del país, y vivir con la duda inútil de qué ocurrió con todo aquello, quién entró primero, cómo ocurrió todo, entre quiénes se lo dividieron, etc. También hay miedo a quedarse en Venezuela y darse cuenta un día de que “ya es muy tarde”, como si esa línea se fuese a presentar de forma evidente y marcada, y no fuese más la consecuencia de un deterioro gradual y sostenido, a partir del cuál es imposible definir con exactitud en qué momento se nos hizo “demasiado tarde”.

Todo esto me vino a la mente a raíz de los comentarios que surgen cuando me invitan a hablar sobre la economía venezolana en diferentes lugares del país. Por ejemplo, ya es común que, al poco rato de empezar, alguien se levante y comente, con un tono cordial que va mudando poco a poco, qué hacemos hablando de economía, de curvas y de importaciones, en medio de las cosas tan graves que están teniendo lugar en el país. Tengo la certeza de que este personaje asiste no tanto para dirigirse a mí, sino a lo demás, acaso también a sí mismo. También ya es bastante común cierto personaje macabro, que ya cerca del final, comenta (en volumen intermedio): “¡Ahora sí se va a poner bueno esto!” No tengo ni idea de a qué se refiere. La caída del petróleo en nuestro caso equivale al fin del apoyo soviético a Cuba, y lo que se nos aproxima es nuestro propio “período especial”. Hay gente que recibe eso con cierta satisfacción, como si hubiesen esperado por años, porque piensan que esas dificultades podrían dar al traste con la revolución. Se olvidan de que en la mayoría de los casos esas crisis han dado al traste con la oposición. Hay otros, acaso más sensatos, a quienes la caída del petróleo les angustia, hubieran preferido seguir viviendo la bonanza (2004-2008), aunque eso podría significar (a su entender) el fortalecimiento de Chávez. Peor aún, hay gente que salta de un lado a otro, personas a quienes he sorprendido celebrando la caída del petróleo en algún escenario, y lamentándose (y criticando a quienes la celebraban) en otro no muy distante. Ese enorme focus group en el que nos movemos a diario todavía no sabe qué posición tomar ante la caída en los precios del petróleo, no sabe qué significa eso para ellos, no es capaz de distinguir (yo tampoco) entre los efectos que eso podría tener a diferentes plazos. En ese sentido, todavía no tiene una identidad propia, más allá del set de miedos iniciales básicos, no sabe todavía cómo va a vivir su crisis.

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http://www.eluniversal.com/opinion/090424/la-econo...

Miguel Ángel Santos