La variación en los precios de los alimentos en los últimos doce meses alcanza 28%, mientras el índice general se encuentra en la vecindad de 15%. “Fenómeno”, dice el Ministro Giordani, con cierta connotación de sorpresa. “No esperábamos este repunte”, sale Maza Zavala. Pero la verdad es que lo único que sorprende de esta aceleración de precios es que no haya ocurrido antes.

Desde hace tres años (2006 no será excepción), la cantidad de dinero viene creciendo a un ritmo de 50% anual, que contrasta con el crecimiento de 6% que registra en promedio nuestra producción de bienes y servicios. Es una cuestión de sentido común que, ad infinitum, no se puede poner a circular dinero a una tasa diez veces mayor a la que crecen los bienes que se compran y venden con ese dinero, sin provocar una aceleración en los niveles de precios. Ahora bien, como dice Thomas Friedman, las crisis suelen ser muy caras como para no aprovecharlas. ¿Qué podemos aprender de este episodio?

Las soluciones a nuestros problemas tienen dos aristas, una coyuntural y una estructural. El problema de la inflación se entiende mejor a través del símil del chorro de agua (dinero) cayendo sobre la bañera (nuestra economía, nuestra producción de bienes y servicios). Para evitar el desborde existen soluciones estructurales: O se cierra el chorro de agua (el gasto público), o se hace un esfuerzo por incrementar el tamaño de la bañera (atraer mayor inversión).

En Venezuela no hay nadie ocupándose de estas opciones. Por un lado, en una época de ingresos extraordinarios, nos hemos esforzado por incrementar el gasto público de forma más extraordinaria aún. En el primer semestre el total de gastos (53 y doce ceros de bolívares) superó al total de ingresos (50 y doce ceros). Por el otro lado, Venezuela sigue haciendo todo lo posible por ahuyentar la inversión nacional y extranjera. En el primer semestre, la SIEX registró la cifra de inversión extranjera más baja de nuestra menguada historia, 63 millones de dólares (sólo seis ceros). Según el Banco Mundial (www.doingbusiness.org), Venezuela se ubica 164 en el ranking de países con ambientes más favorables para la inversión, el peor de todo el continente, y además el que experimentó mayor retroceso (“el peor reformador”) entre 2005 y 2006 (Junio).

Sin nadie pensando en lo estructural, sólo nos queda seguir utilizando tobos de agua para sacar agua de la bañera: La absorción del BCV (que ocasiona pérdidas operativas; además, esta agua vuelve a la bañera con intereses); bajar el IVA (que debilita aún más el balance fiscal y conduce a nuevo endeudamiento), la venta de más divisas para importaciones (mientras el petróleo lo permita).

Ricardo Sanguino ha dicho que la estrategia de vender más dólares para facilitar más importaciones es una solución coyuntural, “hasta que las empresas inviertan en aumentar la capacidad instalada”. ¿Y quién se está ocupando de generar el ambiente necesario para que eso ocurra? ¿Tú crees que a punta de coerción y amenazas se puede obligar a los empresarios nacionales y extranjeros a invertir en el país? Mientras tanto, en los últimos doce meses, los bienes importados sólo han aumentado 5%. ¿Y el crecimiento endógeno?

No hay nadie pensando en la estructura, aquí sólo hay paños calientes, operativos. Una metáfora de las misiones. Sólo nos queda una economía que consume importaciones como opio, en cantidades crecientes, que ya suman 100 millones de dólares por día. No se generan empleos formales. No hay quien absorba a los graduados de nuestras universidades, de la misión Ribas, del Plan Vuelvan Caras. Si no cambiamos el rumbo de la política económica, el futuro traerá otras sorpresas igual de poco sorprendentes.

Miguel Ángel Santos