Por primera vez esta pregunta no me parece fácil de contestar. Hasta aquí ha predominado la solución más práctica. El mercado paralelo de divisas se mantiene por dos razones: 1) Al que más le conviene su existencia es al gobierno, pues le permite beneficiarse de la depreciación sin devaluar, y 2) De no existir el paralelo legal existiría el mercado negro, con una prima mucho más alta por riesgo, y esa mayor tasa de cambio serviría de marcador de precios, lo que a su vez traería consigo una aceleración de la inflación, et cetera. Esa lógica es todavía válida. Pero han surgido algunos elementos que vale la pena considerar.

En primer lugar, mantener el paralelo es caro. En 2009 el gobierno se vio obligado a inyectarle 24.415 millones de dólares (ese es el resultado de la acumulación neta de activos privados en el exterior más los errores y omisiones). Eso representa 42% de nuestras exportaciones. Para hacer eso posible el gobierno sacrificó reservas (10.292 millones de dólares), utilizó activos públicos en el exterior (9.023 millones) y acudió de forma agresiva al endeudamiento externo (14.974 millones). Ninguna de estas tres opciones puede ser replicada a corto plazo: No se pueden perder más reservas e invertir más activos de los que se tienen, y tampoco se puede recurrir al endeudamiento ad infinitum. Ya Venezuela hoy en día es el país de mayor riesgo en América Latina. Según la cotización de los credit default swaps de esta semana, para “asegurar” pagos de deuda pública venezolana a cinco años la prima alcanza 8.8%. Argentina se ubica en 8.7%. El resto de América Latina se encuentra entre 0.8% (Chile) y 1.4% (Colombia). Ya no sólo es que “no somos suizos”, ya tampoco llegamos a colombianos.

Ahora bien, el año pasado, la liquidez “apenas” creció 22% (la inflación fue 27%). En lo que va de año el crecimiento ha sido menor a 1% y aún así no ha sido posible contener la cotización del dólar paralelo. ¿Qué ha pasado? En parte, aunque la oferta monetaria se mantiene, la caída en el volumen de producción y ventas ha provocado una caída en la demanda de dinero, creando un exceso de oferta que se canalizó hacia el paralelo. Pero la proximidad de las elecciones obligará al gobierno a acelerar el gasto y provocará un nuevo crecimiento de la liquidez, que pondrá más presión sobre el dólar. ¿Y entonces? ¿Cuánto va a costar este año “mantener” el paralelo? ¿Hasta cuándo va a estar dispuesto el gobierno a sacrificar reservas y endeudarse para financiar salidas privadas de capital? ¿O va a dejar de gastar?

La respuesta no es fácil, porque las alternativas tampoco son fáciles. En el fondo, esta situación es una derivación de la improbable tensión que existe en el tratar de imponer una revolución socialista y al mismo tiempo mantener ciertos rasgos de mercado. No se va a poder seguir así. No se puede seguir persiguiendo a la propiedad y a la tenencia de bolívares, y poner una taquilla al final del pasillo para que esos bolívares sean cambiados a dólares. Un reporte reciente de JPMorgan señala que de seguir así en 5 años nuestra balanza de pagos sería negativa entre 100-180 millones de dólares. Es evidente que ese día no va a llegar. Algo va a pasar antes.

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Miguel Ángel Santos