Participar en la emisión de bonos soberanos 2022 era lo que en inglés se llama un no-brainer: La tasa implícita bolívar-dólar está alrededor de 35%-42% por debajo del mercado negro, de poca liquidez y alto riesgo. Por esa razón la demanda ha superado la oferta en razón de tres a uno. Ahora bien, como es usual, muchos ya se están preguntando cuál será el mejor momento para vender los bonos, tratando de sacarle aún más provecho al negocio. Está claro que el gobierno se ha vuelto a endeudar para dar algo de aliento a los importadores. Siendo así, cabe esperar que los bonos se encuentren bajo fuego durante las próximas semanas, con las grandes empresas liquidándolos para recuperarse así de estos largos meses en los que nos dio por experimentar con el ayuno de divisas. Muchos piensan que una vez que ese proceso culmine el precio en el mercado secundario “rebotará”, dando la oportunidad a los tenedores de obtener todavía más dólares a cambio.

Puede ser, pero tiene sus riesgos. En los mercados internacionales la demanda por activos de alto riesgo estilo Venezuela no es infinita. Eso queda demostrado por el hecho de que cada nueva emisión de deuda deteriora aún más nuestra curva de rendimientos (mientras más deuda contratamos, mayor la tasa de interés que debemos ofrecer). Además, que el gobierno haya decidido endeudarse en dólares a más de 12% para financiar importaciones baratas es una pésima señal que ha traído a la atención de las bancas de inversión la posibilidad de default. Es cada vez más deuda puesta sobre una capacidad de pago cada vez menor. Pero hay más. Nosotros estamos pagando más de 12% en una época en que las tasas de interés del tesoro de los Estados Unidos se encuentran en niveles mínimos (0,5% a dos años y 2,1% a diez). En otras palabras, quienes decidan mantener los bonos se verán ante la incómoda elección de recibir un enorme golpe en su precio de mercado (una vez que las tasas se recuperen), o quedárselos a vencimiento (2022) y correr el riesgo de default.

Algunos economistas (aquí y en el exterior) han menospreciado el peso de la deuda externa y la posibilidad de default, aún cuando entre los lineamientos básicos del Congreso del PSUV celebrado el 24 de abril y disponibles en la web, se encuentra la “revisión de la legitimidad de la deuda externa”. Ponen como ejemplo a otros países que se han visto obligados a endeudarse para mantener la demanda agregada y la economía a flote. Con el respeto que esa posición merece, hay que hacer énfasis en que lo que está haciendo el gobierno de Venezuela no tiene nada que ver con eso. Endeudarse en dólares para importar barato no genera estímulos sobre la demanda agregada, no crea empleo, no tiene ningún efecto multiplicador sobre la economía.

Visto así, y aunque por ahora no existen señales de que la Reserva Federal tenga intenciones de subir las tasas, mantener deuda soberana venezolana por más tiempo del mínimo necesario para adquirir divisas parece una apuesta muy arriesgada. Más aún cuando esa apuesta la hacen venezolanos, que ya de por sí tienen su trabajo (los que aún tienen), sus propiedades (las que quedan) y sus familias (los que sobreviven) corriendo el riesgo Venezuela.


Disponible en:
http://www.eluniversal.com/opinion/100820/los-bono...

Miguel Ángel Santos