Las reservas del país superan los 55.000 millones de dólares. Cualquier cosa que eso signifique. Así recogieron los titulares de la prensa las declaraciones de Jorge Giordani el lunes pasado. Esa nueva expresión, “reservas del país”, fue dejada caer por allí con la intención de producir esa confortable sensación de quien ahorra para el futuro, de quien tiene respaldo; sobretodo entre la mayoría de lectores que vuela raso por encima de los titulares.

¿De dónde salió esa cifra? “Si a los 17.000 millones de dólares del Fonden le sumamos algunas otras reservas que están en el sector financiero público (¿?), podríamos hablar de 20.000 millones de dólares; que, sumados a los 35.000 millones de las reservas internacionales en el BCV, llegan a 55.000 millones de dólares”.

Vamos por partes. La razón principal por la que debemos preocuparnos por las reservas internacionales radica en que éstas sirven de respaldo al valor del dinero. Visto de una manera sencilla, los 92 billones (doce ceros) de bolívares de liquidez que existían al cierre de Septiembre, estaban respaldados por 35.000 millones de dólares en reservas internacionales en el banco central. Cada 2.690 bolívares en la calle tenían un dólar de respaldo. Esta relación se ha deteriorado 40% en los últimos doce meses, en particular desde que el gobierno adoptó la práctica de transferirse reservas gratis a un fondo discrecional en el exterior.

Ahora bien, la transferencia de 17.000 millones de dólares desde el BCV hacia el Fonden no tuvo contrapartida, el gobierno no la compró, simplemente se la llevó a un fondo cuyos resultados no se reportan en ninguna parte, no tiene práctica institucional de ahorro y des-ahorro, y no tiene mecanismos de rendición de cuentas. Así, el Ministro anunció que al cierre de Septiembre había 34.330 millones de dólares en reservas, 758 millones de dólares en el FIEM, y 17.000 millones de dólares en FONDEN. Nótese en ésta última cifra, la redondez de las cuentas de pulpería, esos tres ceros de los que Rafael Bornás enseñaba a desconfiar desde los cursos introductorios del contabilidad en IESA.

Cuando el Ministro suma esos 17.000 millones de dólares a las reservas internacionales (para obtener “las reservas del país”), le hace a uno pensar que algún día, cuando la estabilidad de nuestra moneda se vea amenazada, el gobierno le va a decir al BCV: “¿Te acuerdas que yo me llevé estos dólares sin pagarte nada? Bueno, chévere, aquí los tienes de vuelta”. Como si, en ese momento, el gobierno no fuese a pedir de nuevo los bolívares, alterándose una vez más la relación de respaldo de nuestra moneda local.

El Ministro sabe que estas cuentas son engorrosas, difíciles, juega con nuestro entendimiento económico, con la paciencia de todos para seguir un balance que sentimos ajeno. Cita la cifra acumulada en el Fonden, como si los venezolanos contáramos con eso para nuestro futuro, como si el Fonden fuese una institución fiscal, y no una chequera en blanco a nombre de esta administración. Los gringos han cometido un gran número de errores en Irak, pero contar los 2.000 millones de dólares en efectivo que se llevó Qusay Hussein del banco central a la caída de Bagdad como “reservas del país”, hubiese sido demasiado.

Miguel Ángel Santos