Pase parte de estos días de Carnaval revisando notas, entrevistas y artículos de Noam Chomsky. Me dio curiosidad saber si, al igual que en el caso de Bolívar, la revolución bonita lo había utilizado a conveniencia, tomando sólo una parte de su ideario, sacada de contexto, e ignorando olímpicamente todo lo que no se aviene con sus propósitos. No leí sus artículos académicos, esos que han revolucionado el estudio de la naturaleza y el origen del lenguaje. No estaba buscando a ese Chomsky, sino al que ha utilizado ese status de verdadero pensador y pionero de la ciencia para promover sus ideas políticas. A ese que ha crecido, en equilibrio frágil, al lado del científico duro. Me hizo recordar a Pavese: Se debe estudiar aunque sólo sea para poder conversar con los que han estudiado, y también para poder prescindir de ellos.

En sus primeros escritos ya aparece el anarcosindicalista que ha sido siempre Chomsky: “Los obreros han de ser los dueños de las fábricas, de su propio trabajo, para dirigirlo según su propia voluntad. Esta propiedad comunitaria no debe ser confundida con la propiedad pública”. Ningún área del pensamiento de Chomsky choca más con el régimen venezolano que lo referido a la libertad de expresión. En una carta enviada a Robert Barsky (1992) se puede leer: “La idea de que habría que restar importancia a ciertos tipos de conocimiento debido a implicaciones negativas me parece bastante alarmante. ¿Quién toma la decisión de restarle importancia a la verdad? ¿Quién determina las implicaciones? ¿Dónde reside ese poder, y cuáles son sus orígenes y su justificación? Veo aquí abierta la vía abierta para el fascismo y para el estalinismo”. Chomsky ha arremetido contra gobiernos como los de Ronald Reagan y Woodrow Wilson, porque “dirigieron ingentes sistemas de propaganda de Estado”, una acusación que, si se le ajusta por tamaño de país, palidece ante los millones invertidos por nuestra revolución en vallas, páginas enteras de diarios, propagandas de cine, horas de radio y televisión, con la intención de crear una realidad paralela. Una realidad paralela a la inflación, al crimen, a los malabaristas de los semáforos, a los indigentes, al desempleo. Nada más parecido al “consenso manufacturado” que los esfuerzos de todos los días de nuestra revolución.

Una de las líneas de investigación seguidas por Chomsky está abierta en nuestro caso: ¿Por qué los pueblos siguen votando por sistemas políticos que se sabe guardan prejuicios claros e ideas preconcebidas que van en su contra? Esta idea se le ocurrió por primera vez luego de ver una encuesta según la cual la mayoría confesó haber votado por Ronald Reagan, a pesar de pensar – según otra parte de la encuesta – que sus políticas no serían beneficiosas para ellos. ¿Suena conocido?

Unas últimas líneas tomadas de “Creation”: “Si no vivimos en régimen de esclavitud es por las luchas populares. Tenemos libertad de expresión gracias a las luchas populares. Nunca es un regalo que nos haya caído del cielo. La protección contra la tiranía proviene de la lucha, y no importa de qué tipo de tiranía se trate”. No está en mi galería de personajes indispensables, pero, visto así, Chomsky alcanza para todos.

Miguel Ángel Santos