Un buen amigo de una universidad europea me ha hecho llegar una de esas presentaciones que el gobierno prepara, esfuerzos cada vez más esporádicos y acaso también con cada vez con menos fe, para tratar de lavarse la cara a nivel internacional. El documento tiene 28 páginas, divididas en “logros” económicos y sociales. Por razones no sólo de espacio sino también de experticia me voy a referir sólo a los primeros.

Abre la lista de los grandes logros de la revolución la inflación. Comparan el promedio anual de estos once años (21%) con los dos quinquenios previos a Chávez: CAP II (45%) y Caldera (60%). No se detiene a explicar cómo ha sido posible, quizás porque no existe diferencia alguna con la peor parte de la cuarta. El gobierno ha contado con una enorme disponibilidad de divisas (no sólo por la vía del ingreso petrolero sino a través del endeudamiento externo a mansalva), que ha vendido a precios subsidiados al sector privado. Así, se ha promovido un boom de importaciones y una colosal salida de capitales que ha tenido como contrapartida una inflación menor. Nada diferente a las lamentables administraciones de los doctores Herrera Campíns y Lusinchi, que quedarían muy bien al lado de Chávez (9% y 18%) con una receta similar: hipotecando las reservas de la República y endeudándola masivamente. Aún así, en una época en que la inflación es ya casi anécdota mundial nosotros seguimos alrededor de 30% (sólo Egipto e India registran dos dígitos, 11% en ambos casos).

El informe no hace referencia al PIB, acaso porque ya para los dos primeros trimestres de 2010 la producción por habitante era menor al de 1998. Sí hace referencia a la inversión (uno de los componentes del PIB), pero no explica que un cambio significativo en la metodología realizado en 2004 duplicó la formación de capital (¡no sólo a la de Chávez sino también la histórica!). En relación con el salario promedio el documento ya miente abiertamente, utilizando unas cifras del INE que están en franca contradicción con el BCV. De acuerdo con éste último, el poder adquisitivo del salario promedio ha registrado en doce años una caída de 20% (27% el privado y 2% el público).

Sin querer entrar en los detalles de las cifras de pobreza, es entendible que se hayan reducido porque gracias al petróleo y a la deuda (pronto el orden se va a invertir) el consumo por habitante ha crecido por encima de 40% en estos doce años. Es decir, viven en el mismo lugar, van a las mismas escuelas desvencijadas, sufren los mismos hospitales, pero ahora consumen más. Eso es lo que mi amigo Luis Pedro España llamaría una caída coyuntural de la pobreza (ni el petróleo puede subir de forma indefinida, ni nos podemos endeudar hasta el infinito – aunque siguen tratando).

Alguien me ha escrito que “esas consideraciones apenas las hace el 1% de la población”. Aunque quizás la cifra sea algo más alta, ha tocado el punto esencial: ¿por qué hemos fracasado en comunicar todo esto de una forma sencilla y en presentar una alternativa convincente? Quizás eso explique que, disfrazando a “la negra” de tarjeta de crédito (luego transmutará en libreta de racionamiento), el Presidente haya recuperado algo de terreno.

Disponible en:
http://www.eluniversal.com/opinion/100917/metodolo...


Miguel Ángel Santos