De las crisis de México, Rusia y Tailandia, los mercados financieros internacionales aprendieron una lección: Los inversionistas extranjeros no inician las corridas, sólo siguen los movimientos de los locales. Según esta sabiduría, destilada en un trapiche que costó cientos de miles de millones de dólares, quienes se encuentran aquí tienen una comprensión de los fenómenos que afectan las perspectivas económicas mucho mejor que los de afuera. Ese saber cómo se bate el cobre, ese incorporar al estómago y a lo que escuché ayer en la percepción de riesgo, ha probado ser mejor mecanismo de alerta temprana (de posibles catástrofes) que los complejos modelos de riesgo de las grandes bancas de inversión a nivel mundial.

Veamos el caso venezolano, en particular la evolución de los precios de nuestra deuda soberana en los últimos años, títulos que en su gran mayoría cambian de manos en los mercados internacionales. La comunidad financiera, por ejemplo, reaccionó de una forma positiva sin precedentes a la breve salida de Chávez en abril 2002, pero luego reaccionó también positivamente a la victoria del Presidente en el referéndum revocatorio de agosto 2004. Algunos caen en la tentación del argumento más fácil: “En aquél referéndum Chávez representaba la continuidad, la estabilidad”. ¿Y Carmona también? Más recientemente, la comunidad financiera internacional reaccionó de forma positiva a la victoria de Chávez en las elecciones de diciembre, para luego castigar los precios con fuerza a raíz del fin de la concesión de RCTV y la introducción de la propuesta constitucional. ¿Y entonces? ¿Cerrar RCTV e introducir la reforma constitucional no eran promesas de campaña? ¿Qué hay de nuevo ahí?

En la Bolsa de Valores de Caracas (BVC) el panorama es distinto. Es un buen punto de referencia porque, debido a las restricciones cambiarias y de propiedad por parte de extranjeros, ha salido de casi todos los portafolios de inversión de mercados emergentes a nivel mundial. Los que participan son venezolanos en su inmensa mayoría. Si bien los precios del índice de la BVC también han experimentado cierta volatilidad, la relación precio/utilidad se ha mantenido muy estable: En los últimos cuatro años ha estado consistentemente entre 58%-68% por debajo de Estados Unidos y los demás mercados de América Latina. Eso quiere decir, por ejemplo, que aquí el capital de una empresa que cotiza en la bolsa se puede comprar pagando en promedio 5,5 veces la última utilidad reportada, mientras en los demás países esa relación varía desde 12,0 (Argentina) a 24,1 (Chile).

En conclusión, los mercados internacionales harían bien en tomar un poco más en cuenta a los agentes locales a la hora de determinar los precios de las obligaciones soberanas de Venezuela. Después de todo, no hay nada como estar aquí para medir la improvisación y la falta de pericia de los esfuerzos de las autoridades locales (por ejemplo) por combatir la inflación: Se cierra el flujo de efectivo del BCV a la banca un día, disparando la tasa overnight por encima de 120%, y se genera un caos que obliga a re-establecer las condiciones iniciales a la mañana siguiente. ¿Quién mejor que nosotros para saber de eso?

Miguel Ángel Santos