No habrá devaluación. Lo ha confirmado Jorge Giordani. Devaluación, es una cosa, depreciación es otra. Devaluar es una decisión oficial sobre la tasa de cambio a la cual el BCV, siguiendo instrucciones de CADIVI, compra y vende divisas. La depreciación resulta de la oferta y demanda de divisas en el mercado paralelo. La tasa oficial se devalúa, la del mercado paralelo se deprecia.

Siendo así, predecir la devaluación es muy difícil: Mientras haya dólares suficientes, devaluar o no es una decisión política. Uno tiene la certeza de que este gobierno (al igual que los anteriores) devalúa por necesidad, no por convicción. Devalúa porque, a pesar del incremento en el ingreso petrolero y en la recaudación del SENIAT, el ritmo de gasto público los supera, por lo que se requiere generar más bolívares a cambio de los mismos dólares. Si el precio del petróleo se mantiene, puede que no haga falta devaluar para cuadrar el presupuesto. Podría ser que el año post-electoral se aproveche para estabilizar el gasto, no para seguirlo incrementando con el mismo desenfreno de los últimos ocho años. Podría. Por eso predecir la devaluación es apostar.

El gobierno no devalúa por convicción. Se devalúa por convicción cuando se reconoce que el país no puede seguir aumentando su consumo vía importaciones. Se devalúa por convicción cuando se da cuenta de que tras más de veinte meses sin devaluación, en los que la inflación acumulada totaliza 29%, los productores nacionales se encuentran asfixiados, el empleo no reacciona, y estamos inundados de importaciones. Todo lo contrario del crecimiento endógeno.

En los últimos doce meses, la inflación al por mayor para bienes nacionales totaliza 17%, mientras la de los bienes importados al por mayor apenas supera el 7%. Sólo en este año, nuestros productores se han vuelto 10% más caros en el exterior, y los del exterior 10% más baratos en Venezuela. Simple aritmética de precios relativos.

La semana pasada un diputado oficialista (redundancia) calificó de torpe a la oposición porque propone la devaluación. Aquí a nadie le gusta la devaluación. Ahora, para no devaluar (de forma sostenida) hay que frenar la inflación. ¿Cómo se frena la inflación? Recortando el gasto, promoviendo la inversión, manteniendo a raya el crecimiento de la cantidad de dinero en la calle (más de 50% por cuarto año). Sólo entonces podemos pensar en una tasa de cambio más estable. Estimular la inflación, por un lado, mientras no se devalúa, por el otro, simplemente traslada la producción de lo que consumimos al exterior. Ahoga el empleo y la inversión. En otro lugar esa combinación de política generaría un déficit en cuenta corriente, que a su vez produciría una depreciación (y, si el gobierno la reconoce, una devaluación). Aquí no hace falta porque tenemos petróleo. Tenemos petróleo para ahogar a la industria nacional e inhibir la creación de empleo.

Mientras tanto el dólar paralelo, que “por ahora no nos preocupa”, no va parar de subir, a menos que allí también intervenga el gobierno. Algo debe preocupar, después de todo, es mucho más conveniente vender los bonos de Argentina en dólares a los venezolanos, a 2.800 bolívares por dólar, que entregárselos al BCV a 2.150.

Miguel Ángel Santos