Todo este asunto de las notas estructuradas destila la misma sabiduría cruel de la fábula del sapo y el escorpión. Después de una fuerte tormenta, un sapo consigue a un escorpión luchando por pasar a la otra orilla del río. “¿Podrías dejarme subir encima de ti para pasar el río?”. “Si te ayudo, vas a clavar en mi espalda tu aguijón y me causarás la muerte”. “¿Cómo crees? Si te mato yo también moriría en el intento”. En medio del río, el escorpión incumplió su promesa, clavando su espada venenosa en la espalda del sapo. “Lo siento… no pude evitarlo, es mi naturaleza”, dijo el escorpión, antes de que ambos se hundieran en las profundidades del río.

En este caso la historia es así: El gobierno decide establecer una especie de fondo de ahorro y ayuda al exterior sin ningún mecanismo de rendición de cuentas (FONDEN). Desde allí decide ayudar a los gobiernos “amigos” de Argentina, Bolivia y Ecuador, adquiriendo en condiciones ventajosas (para los demás) sus títulos de deuda. Una vez hecho esto, los gobiernos “amigos”, fieles a su naturaleza, empezaron a comportarse de una forma que hizo caer de forma abrupta el valor de esos mismos títulos que el gobierno venezolano “generosamente” había decidido comprarles. El caso de Ecuador es el más grave, toda vez que el Presidente Correa ha declarado que están estudiando la posibilidad de declarar ilegítima parte de la deuda en circulación. “Primero la vida que la deuda”.

Entonces el gobierno decide pasar de sapo a escorpión. Con la ayuda de los bancos de inversión internacionales, parte esos bonos en pedazos y los empaqueta en unas “notas estructuradas” que ofrece a la banca venezolana. El diferencial cambiario permite disfrazar las pérdidas causadas por los países “amigos”. El recién estrenado escorpión convence al sapo dándole la posibilidad de realizar una ganancia cambiaria inmediata y “sin riesgo”. SUDEBAN volteará la cabeza hacia el lado de la cancha en donde no está la pelota. La banca, con la ayuda de esos mismos bancos internacionales que habían estructurado las notas, procede a realizar una operación contable para “esconder” de sus balances esas tenencias de notas estructuradas (o de dólares).

Ahora el gobierno, en su esfuerzo por seguir bajando el dólar paralelo (sin quemar sus propias tenencias de divisas), le ordena a la banca deshacer en noventa días el truco contable y liquidar las notas estructuradas (o los dólares que obtuvo a través de la venta). Hoy en día no sólo la cotización del dólar en el mercado paralelo es menor, también los bonos han seguido cayendo de precio. Así, el gobierno, fiel a su naturaleza, obliga a la banca a reconocer las pérdidas que le ha causado la operación de bonos que él mismo le propuso.

No termina allí. Uno piensa que el último sapo ha sido la banca. No es así. Resulta que los fondos con que algunos bancos se han hecho partícipes de toda esa especulación, lo que le permitió anotarse en aquella ganancia cambiaria inmediata y “sin riesgo”, son unos bolívares que provienen en 92% de los depositantes. Estos sí son los últimos sapos. Ahora bien, lo más curioso es que en la fábula original la naturaleza del propio escorpión también lo conduce a su propia muerte.


Miguel Ángel Santos