“Lo que yo tanto temía me ha acaecido”. Ese lamento bíblico pareciera describir el sentimiento que nos recorre por dentro en estos días. Para el momento en que escribo, el petróleo venezolano se está cotizando en 74 dólares por barril, 72 dólares por debajo del cenit alcanzado hace apenas unos meses. Eso nos coloca frente a frente con nuestras contradicciones y sentimientos encontrados, nuestra propia versión colectiva del amor-odio. Como lo describiera una vez algún ejecutivo extranjero expatriado a esta tierra: Aquí la mejor noticia es que ha subido el petróleo. Y la peor noticia es que ha subido el petróleo. Uno podría agregar: Y viceversa. Lo que muchos habíamos deseado y temido a la vez ha ocurrido.

Quizás el mayor provecho a la caída de los precios del petróleo se pueda encontrar en la pedagogía, pues nos provee con una herramienta única para ilustrar el inútil despilfarro del que hemos sido testigos en estos últimos años. Si los precios se mantienen donde están, es casi seguro que Venezuela necesitará de una nueva mezcla de devaluación (por el orden del 30%-40%), impuesto al débito bancario e incremento en el impuesto al valor agregado, para poder cuadrar sus cuentas. Todo eso con el petróleo a 70 dólares por barril. La última vez que ese conjunto de medidas se hizo necesario fue en febrero del año 2002, cuando los precios del petróleo llegaron a la vecindad de 16 dólares por barril.

Es decir, la crisis que hace cinco años desató que el petróleo llegara a 16 dólares, ahora se activa con el precio en 70. Ese es el tamaño de nuestro despilfarro, la consecuencia de nuestra falta de visión, de esa práctica ya común entre nosotros de considerar las buenas noticias como permanentes y las malas como temporales. Venezuela ha vivido corriéndole a la suerte. En la medida en que nuestra política económica se descarrilaba, en esa misma medida subía el precio del petróleo. Nuestro punto de quiebre fue subiendo, pero por mucho tiempo el precio del petróleo subió todavía más. Esa racha de suerte pareciera llegar a su final.

Para que nos hagamos una idea aún mejor: El precio de la cesta venezolana el año pasado promedió 65 dólares por barril, y en lo que va de año estamos en la vecindad de 100, con cierta tendencia a cerrar el año alrededor de 92. ¡Más del 50% del año pasado! Sí, pero nosotros nos lanzamos a gastar con otras expectativas. Los volúmenes ya no son los de antes. Hace rato que el petróleo se le quedó pequeño a Venezuela. Pedir prestado en este entorno ya no es una opción. En 2008 no será habrá dólares suficientes para que las importaciones sigan creciendo al ritmo que lo vienen haciendo, para seguir mandándole real al FONDEN, y vendiéndole dólares al sector privado venezolano para mantener el paralelo. El consumo se alineará más con nuestra mermada capacidad de producción, habrá que desacumular algo de lo que se tiene afuera o acaso reducir las ayudas “humanitarias” al exterior, y no habrá tanto real para contener el paralelo. Es urgente recuperar presencia en la Asamblea Nacional para pasar una Ley que prohiba la venta de petróleo a futuro; no contento con despilfarrar lo que teníamos hoy, el gobierno se ha propuesto seguir la fiesta vendiendo los barriles de petróleo que le pertenecen a futuras generaciones de venezolanos. La antesala no es nada prometedora: Llegamos a diciembre con una inflación general de 36%, 53% en alimentos.

Miguel Ángel Santos