PDVSA no tiene balances. Así de simple: No los va a tener. Ya no se dice que están retrasados porque todavía los nuevos empleados no se han familiarizado con el sistema contable. Ya no se prometen más para el mes que viene, ya no hay José Rojas que insista. Como en toda nuestra deslucida cotidianeidad, pasó el tiempo, y el nuevo status quo es que no hay estados financieros. La caja negra ha desaparecido. Lo único que nos queda es la repetición mecánica y vaga de que PDVSA ahora sí es de todos.

Lo mismo ocurre con FONDEN. Algunos representantes de multilaterales se acercaron hace poco a Venezuela con la intención de armar una historia coherente a partir de los retazos dispersos de nuestra economía. Se les ocurrió que calcular cuánto dinero ha sido desviado hacia el fondo es una tarea sencilla: Sólo hay que multiplicar la producción (según fuentes internacionales) por el precio de nuestra cesta petrolera, y contrastar esa cifra con el movimiento de reservas internacionales que reporta el Banco Central de Venezuela (BCV). Un simple P por Q, ni más ni menos. El problema es que aquí la teoría se parece a la práctica solo en teoría. En la práctica no se parece.

Por ejemplo: ¿Cuál es el precio de los barriles que van a Centroamérica? Siguiendo el “Acuerdo de Caracas” (2001), Venezuela le vende petróleo a los países de esa región que le provoque (a El Salvador ni soñarlo) recibiendo 60% en efectivo, y 40% se financia a 15 años al 1% anual. Un sencillo cálculo de matemática financiera indica que, descontando a la tasa libre de riesgo en Estados Unidos, eso equivale a vender petróleo a 82% de su valor actual. Un subsidio de 18%. ¿Cómo se registraría eso en los balances de PDVSA? ¿A valor facial, o con el descuento implícito en esas condiciones tan favorables de financiamiento? ¿Y que hay de aquellos casos en que nos pagan con bienes “excedentarios” producidos en otros países?

La mayoría de los venezolanos no ha sido educada para exigir rendición de cuentas. A pocos les importa que FONDEN no tenga balances, ni cuentas, ni reportes. Esa fue la idea desde su concepción. FONDEN no es el FIEM, por más que algunos exaltados repitan por ahí que se le parece mucho. Le falta lo más importante: Las reglas claras de ahorro y des-ahorro, la transparencia.

Quizás la aproximación más certera se puede hacer a través de los balances del BCV. Allí, en el lado de los activos, como si alguna vez se fuese a recibir alguna contrapartida, aparecen transferencias a FONDEN por 5.792 millones de dólares. Además, restando al patrimonio, aparecen otros 3.641 millones de dólares bajo la dudosa denominación de “Cuenta Patrimonial Nivel Adecuado de Reservas Internacionales”. El tratamiento contable de ambos traspasos, que totalizan 9.433 millones de dólares, ha sido distinto. Siendo consistentes, y restando todo lo que se ha transferido del patrimonio, el BCV cerró Abril con 3.1 billones (12 ceros) de bolívares en rojo, 1.428 millones de dólares a tasa oficial.

Lo más curioso es que todavía hay quien se atreve a hablar de los altos costos de producción de la “vieja” PDVSA, de la caja negra, de la ineficiencia, de lo caro que nos salía su estructura administrativa antes del despido de los 18.000 excomulgados. ¿Y cuántos empleados hay ahora? ¿Cuánto es el costo de producción por barril? ¿Cuántas son las utilidades¿ ¿Cuánto se reinvierte? ¿Cuánto se recibe por los barriles de petróleo enviados a Cuba, a Uruguay, a Argentina, al Caribe? ¿Cuánto dinero queda en FONDEN? ¿En qué se ha gastado? ¿Cuál es el límite al proceso de descapitalización del BCV? Ni idea. Ustedes vayan a comprar barato en MERCAL, vayan a buscar su mesada mensual según la misión que corresponda, y no pregunten tantas pendejadas. Silencio.

Miguel Ángel Santos