La discusión sobre la producción de PDVSA y las divisas que la empresa liquida en el BCV ha vuelto a ocupar los titulares de la prensa nacional. Desde que PDVSA no hace públicos sus balances, hace ya más de dos años, este tema aparece y desaparece del debate nacional, siguiendo un ciclo de noticia difícil de explicar, que contrasta con la firmeza y verticalidad con que los hechos continúan avanzando.

La primera observación sobre este tema vino del propio directorio del BCV, alarmado porque las cifras de producción y exportación que los nuevos ejecutivos de la nueva PDVSA vociferaban por ahí, no tenían ninguna relación lógica con los flujos de divisas que de la petrolera fluían hacia el ente emisor. En ese entonces la incógnita se resolvía de manera sencilla: Conocido el precio del crudo venezolano en los mercados internacionales, los flujos de divisas de PDVSA hacia el BCV, y el porcentaje que PDVSA estaba autorizado a retener en el fondo rotatorio para sus propios gastos en dólares, no era difícil calcular el volumen de exportación. De ahí a la estimación de la producción apenas nos separaba el consumo interno, de comportamiento relativamente estable. Pero aquellos eran otros días. A las objeciones de aritmética elemental de algunos miembros del Directorio del BCV el gobierno respondió con la siempre presente amenaza de intervención, y la tristemente célebre solicitud del “millardito”.

Este breve episodio de pulso se resolvió rápidamente en favor del gobierno. Las discusiones y las objeciones cesaron y de inmediato vino la estadística a pasar una placa de cemento y nivelar la zona. La caída en la producción petrolera ocasionada por el paro, registrada para el año 2003 en 10.7%, según la nueva metodología de medición de actividad económica del BCV resultó de apenas 2.1%. En otras palabras, de ahí en adelante y para efectos estadísticos y de la historia, el paro petrolero, cuyos efectos “criminales” han sido repetidos hasta la saciedad en el discurso gubernamental, tuvo un efecto sobre el volumen de la producción de la industria de apenas 2.1%.

Asimilados los volúmenes petroleros, al BCV le correspondió superar una segunda dificultad metodológica: Si los barriles de exportación que ellos dicen que son no son los que son, y los reconocemos en la balanza de pagos, ¿cómo se explica que no tengamos la contrapartida en divisas de esos barriles? La respuesta: “Errores y omisiones”. Esta cuenta, que se utiliza para cuadrar la diferencia contable entre lo que debería haber y lo que efectivamente hay, sumó 2.268 millones de dólares en el 2004, una cifra muy por encima del promedio de otros años en donde han existido controles de cambio.

Desde mediados del año 2004 este malabarismo contable ya no es necesario, toda vez que el propio gobierno ha reconocido públicamente que no se están liquidando todos los dólares que se reciben por venta de petróleo en el BCV, tal y como lo ordena la ley vigente. Por eso resulta lógica la propuesta introducida por el nuevo Presidente del BCV de eximir a PDVSA de la obligación de vender los dólares al ente emisor, a ver si así se termina de legalizar algo que de todas maneras ya venía ocurriendo. Ahora sí que no tenemos manera de estimar con alguna precisión la producción y exportación petrolera, porque no sabiendo nada sobre los barriles y sobre los ingresos, tenemos una ecuación y dos incógnitas. De manera que cuando José Guerra dice que faltan dólares, y Gustavo García dice que faltan barriles, a uno no le queda otra cosa que decir, haciéndole gala a la profesión de economía, que podría ser una cosa o la otra, pero también una combinación de ambas.


Miguel Ángel Santos