Era el sueño del Presidente: Cientos de miles de televidentes cautivos. El show va a comenzar. Todos dispuestos a quedarse allí el tiempo que hiciera falta: se trataba de las medidas anti-crisis. ¡Una cadena con rating! No es una cosa que pase todos los días. Dejó lo mejor para el final, obligó a la audiencia a escuchar todo su repertorio de cuentos teloneros. A medida que pasaban las horas crecía la desesperación: ¡Te puedes creer que no ha dicho nada! ¿Y si no dice nada? ¡Es muy capaz!

Poco antes del inicio del juego de baseball que daría al traste con nuestra aspiración mundialista, comenzó a dejar caer las medidas a cuenta gotas. Aumento del IVA a 12%, recorte del gasto en 6%, aumento del salario mínimo en dos tramos de 10%, reestimación del presupuesto con el petróleo a 40 dólares y más deuda interna. Eso fue todo. Uno todavía se sorprende de que escoja subir el IVA y no resucitar el IDB o el ITF, impuestos más fáciles de recaudar y bastantes menos eficientes, que causan mayor distorsión. También llama la atención la decisión de reducir el salario real, inevitable, por la vía de un menor aumento nominal, y no de uno mayor, pagado a punta de imprimir (más) dinero (y aún más inflación). Aún así, los efectos serán los habituales: El aumento del IVA tendrá un impacto inmediato sobre los precios, reducirá el ingreso disponible y el consumo. El recorte del gasto, que será ahora 18% menor que en 2008, agotará el combustible que mantenía vivo el crecimiento. El gobierno buscará financiamiento en los bancos a tasas muy por debajo de la inflación, lo que traerá consigo tasas pasivas aún más bajas para los depósitos (más penalizaciones al ahorro).

Más importante aún es el paquete que viene siendo implementado desde finales del año pasado. CADIVI redujo las autorizaciones de divisas de 200 millones de dólares diarios a 130. Esta última cifra tampoco es viable, por lo que se seguirán eliminando códigos arancelarios. Esos importadores desplazados deberán buscar divisas en el mercado paralelo, 200% por encima del oficial. El gobierno los estará esperando allí, para venderles los dólares que ya no envía al BCV. Ahí está ya la devaluación fiscal que muchos esperaban el sábado. Se vendió el oro que había en las bóvedas del BCV y se obligó al instituto a transferir las “ganancias contables” de la operación. Se ajustó la unidad tributaria 19% cuando la inflación fue 32%, lo que equivale a un aumento en el ISLR.

Con este conjunto de medidas, anunciadas y no, el gobierno tratará de ir sobrellevando la crisis, mientras le prende unas velitas al capitalismo a ver si el petróleo se recupera. Si eso no ocurre hará falta un tercer paquete. Giordani ya ha empezado a hablar de impuestos a la adquisición de divisas oficiales para ciertos rubros “no prioritarios”, lo que en la práctica equivale a crear un sistema de cambio diferencial idéntico al de Lusinchi. Quizás vengan entonces también el IDB o el ITF, la devaluación y por último, sólo en última instancia, el aumento de la gasolina. En pleno siglo XXI, el país volvió a votar SI y tomó un tren expreso de vuelta a 1985. Nuestra realidad es circular. Estamos allí otra vez, en la antesala del Caracazo.

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Miguel Ángel Santos