De acuerdo con la teoría, el portafolio de inversiones típico de una persona joven que se encuentre en etapa de acumulación (ingresos superiores a gastos) debería estar colocado en portafolios diversificados de acciones (50%), bonos (30%), bienes raíces (10% sin incluir vivienda propia), y una fracción líquida (10%) para emergencias.

Cada uno de esos portafolios debería tener un número suficientemente grande de activos como para garantizar que los movimientos de unos compensen los de otros, evitando grandes pérdidas de capital. Venezuela es uno de esos sitios en donde la teoría se parece a la práctica nada más en teoría, en la práctica no se parece.

Tomemos como ejemplo la Bolsa de Valores de Caracas (BVC). Allí sólo se compran y venden de forma activa acciones de 16 compañías. Este número no es suficientemente grande como para garantizar que las bajas de algunas sean compensadas por las alzas de otras. Peor aún, cuando se echa un vistazo a la historia se observa que el comportamiento de estas acciones se encuentra estrechamente relacionado, cuando suben, suben todas; cuando se vienen abajo, se vienen abajo todas.

El año pasado la BVC fue la de peor desempeño en el mundo, con una pérdida de -38% (medido en dólares, para poder comparar). En lo que va de este año, sin embargo, el movimiento de la BVC (primera quincena de Abril) fue de 55% en dólares (51% en bolívares, por una pequeña revaluación del bolívar en el mercado secundario).

Esta altísima variabilidad, en parte por características de la economía venezolana (inestabilidad política y económica) y en parte por rasgos propios (tamaño muy pequeño, poca liquidez), es difícil de tolerar para el estómago del inversionista venezolano. Este año puede ser “el año de la bolsa”, como dice el slogan por ahí, pero el año que viene a lo mejor no. Y los movimientos pendulares han demostrado ser muy amplios.

Veamos ahora los bonos. Del total de obligaciones que existen en el mercado venezolano, 98% han sido emitidas por el gobierno. Aquí tampoco hay mucha oportunidad de diversificar. La exposición al riesgo soberano para quien desee considerar bonos como una categoría de inversión es inevitable. ¿Y qué rendimientos hay disponibles por aquí? Hasta la semana pasada, la mayoría de los VEBONOS en el mercado, con vencimientos entre 2006 y 2010, se encontraban rindiendo entre 7,2% - 7,4%. La inflación esperada para este año en Venezuela se encontraba alrededor de 12%-14%. Es cierto que los rendimientos de los VEBONOS están libres de impuestos, pero también es verdad que existe una pérdida significativa en términos reales para los portadores.

En ambientes de tasas de interés predominante y sostenidamente negativas la adquisición de activos a crédito parece ser la mejor alternativa, desde un punto de vista riesgo-rendimiento. Pedir prestado a 14,15% (tasa promedio hipotecaria) para construir o adquirir una vivienda cuyo precio probablemente se mueva con la inflación, puede ser una opción. Después de todo es un activo “sólido”, aunque tampoco está exento de riesgos. El problema está en que aún si se diversifican las inversiones en la mayor medida posible dentro de la geografía del país (como obliga el control de cambio) siempre se va a correr el riesgo de Venezuela. Nada despreciable, por cierto.

Miguel Angel Santos